Espiritismo para Niños / 1978

 

                                           



Dedico con todo mi cariño a los niños de la “Mansión del Camino” en Bahía, Brasil.

 

 

Palabras al lector

 

Cuando inicie la Cátedra Infantil en el Centro de Estudios Psíquicos de Maracaibo, con la valiosa colaboración de Jorge León Mijares, me sorprendió el éxito obtenido y la manera tan espontanea de responder los niños.

 I sabiendo que la ciencia espírita carece de libros para niños, me dí a la tarea de preparar este cuaderno con sincero entusiasmo; porque sé, que será leído con interés hasta por aquellos que ya han crecido lo suficiente. Amenos han sido los ratos pasados con nuestro Centro; escuchando lecciones de espiritismo, interesantes narraciones, música especial para niños, títeres, juegos, adivinanzas y otras diversiones más.

 En la acción de este programa, es justo destacar la eficaz colaboración de Tomás Hernández, Adela Carrasquero, Lola de Pirela –hoy en los planos del Más Allá- Beatriz Matos, Mercedes Soler, Alcibíades Portillo, Samuel Echeverría y otras personas que, en estos momentos, escapan a mi memoria.

 Para todos, el agradecimiento y estímulo que merecen en tan noble empeño de formación espiritual. I en cuanto a mi pequeña labor, creo no haberla terminado aquí: queda empeñada mi voluntad; pues a este cuadernillo seguirán otros, ya que si el espiritismo están provechoso y edificante para los adultos, también debe serlo para los niños.

 Jesús pone de manifiesto la extraordinaria sensibilidad del niño para captar las cosas del espíritu cuando dice: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado a los niños”.

 Tal es el propósito de estas breves páginas: ayudar al niño en los primeros pasos del sendero. El Sendero de la VIDA ETERNA Y CONTINUADA. De cierto, en tierra nueva la semilla no se perderá. ¡Lluvia de amor humedezca la pequeña siembra, manos altas bendigan la cosecha!

 

Rosa Virginia Martínez

 

 

Nubes

 


Madre:

 

A veces mirando el cielo
Y no veo más que nubes
cruzando en su raudo vuelo
por el vasto firmamento.

 Hija mía:

 Miles de estrellas existen
y nunca se ven de día.
Así mismo los espíritus
que levantaron el vuelo
de este planeta sombrío;

Muchas veces a tu lado
permaneces noche y día,
para quitar las espinas,
que pudieran lastimar
tus deditos sonrosados.

 

 

El niño ciego

 


Había una vez un niño ciego que vivía con dos hermanos mayores y su abuelita, porque su madre partió de la tierra cuando él nació.

 Un día que estaba en el jardín sintió unos pasos a su lado, y creyendo que  era su hermana Julia, le dijo:

 -Hermanita, tráeme un poco de agua que tengo sed.

Sintió que los pasos se alejaban y luego volvían a su lado.

 -Toma. Le dijo una voz que nunca había oído en su vida.

 Llevándosela a los labios dijo:

 -Que agua tan dulce! ¿De dónde la trajiste?

 De un manantial oculto que está cerca de aquí.

 El niño, para seguir escuchando aquella voz tan agradable y tierna, pregunto:

 -Dime, ¿Están abiertas las rosas del jardín?

 -Sí, te traeré la más hermosa para que aspires su perfume.

 Los pasos se alejaron y luego volvieron al lado del niño ciego.

 -¡Toma, es la rosa más bella del jardín, de mi propio jardín!

 -¡Oh, que fragancia! –exclamó el niño radiante de alegría- ¡jamás había aspirado otro perfume igual! Dime, ¿Dónde está ese jardín de flores tan maravillosas?

 -¡Aquí! I tomando la mano del niño la posó sobre su corazón.

 ¡Oh, ya sé quién eres, mi madre! ¿no es cierto?

 -Sí, hijo mío; yo siempre te protejo y estoy cerca de ti cuando estás solo. ¡Adiós!

 El niño sintió como si alguien lo besara en la frente, y con lágrimas de alegría en sus ojos sin luz, musitó:

 ¡Adiós, madre mía!

 

 

La fuente oculta

 


Madre:

 

¿Existe en el mundo un manantial oculto, como le dijo al niño ciego, la madre que llegó para darle agua?

 -Es muy difícil explicarlo, hija mía; pero lo intentaré. Esa fuente maravillosa provee a uno de todo lo necesario: agua, alegría, alimentos, serenidad, paz, amor, etc.

 -I ¿Dónde está?

 -En todas partes: en la rosa, en la brisa, el llanto, en el azul del cielo, en la profundidad de los mares, y en fin, en todas las partes que tú puedas imaginar.

 -Pero, tal vez tendrá un nombre, madre.

 -Sí, en nuestro idioma se llama Dios. Él lo ve todo y puede todo; por eso, cuando el chico preguntó; ¿de dónde traes esa agua tan dulce la madre respondió: de una fuente oculta; porque a Él nadie lo ve, pero Él lo ve todo, y permite esas cosas, especialmente, cuando se trata de los niños: sus florecitas más 2ueridas de la tierra.

 

 

La Rosa

 


-Madre, ¿Sabe la rosa que se llama rosa?

 -Sí, hija mía.

 ¿I siente mucho dolor si la desprenden del tallo?

 -Sí, mucho dolor.

 -I cuando muere, ¿por qué no lloran –como nosotros- las otras rosas del jardín?

 -Porque ellas, entienden de las cosas de Dios mejor que nosotros. Ellas saben que su espíritu de aroma se va al espacio, y los pétalos marchitos, van a nutrir la tierra. Ya ves son como nosotros que al morir, el espíritu busca la altura y el cuerpo o materia, la tierra.

 -Entonces, ¿Cuándo tu espíritu se vaya de la tierra, yo tampoco lloraré?

 -No, no me llores, porque siempre estaré cerca, muy cerca de ti.

 

 

El Mar

 


El mar,

lo cruzan las gaviotas,
lo cruzan los ensueños,
la brisa,
y mis pequeños barcos
de papel.

 Quizás yo me despida
de este planeta un día,
sin haberlo cruzado
en gallardo bajel.

 Pero vendrá
mi espíritu,
una, cien, y mil veces,
con intangibles alas
del mundo sideral.

 Yo sé que ese deseo
lo habré de realizar;
porque amo la vida
sencilla de la mar.

 

 

Espíritu Protector

 

Yo no tengo miedo
ni le temo a nadie…
Aquí a mi cunita,
una mala sombra
jamás llegará.

 

Un ángel de brisa
me arrulla y defiende.
De noche, yo duermo,
y él vela y enciende
un fanal muy claro
a mí alrededor.

 

El quita la arena
de mis zapatitos,
me alisa el cabello,
y canta muy bajo…
¡pero tan bajito!
canciones que apenas
las escucho yo.

 

Cuando le pregunto
su nombre y su patria
-responde sonriente-
¿mi nombre? ¡no importa!
yo vengo de allá.
I con su dedito
señala hacia arriba,
me besa en la frente,
me besa y se va.

 

 

El Limbo

 

-¿Adónde van los niños cuando mueren? Madre.

-A los jardines del espacio.

-Me habían dicho que al limbo.

-No. Los niños son las mariposas de Dios y van a buscar las flores.

-I ¿Dónde queda el limbo, madre?

 -No existe, nadie lo conoce.

 -¿I tú conoces los jardines del espacio?

 -Con estos ojos materiales no los he visto; pero sé que Dios no puede crear nada feo ni triste para los niños, y lo más bello que yo puedo imaginar son los jardines.

-¡Ah, quién pudiera ir para traerte una flor!

 -No quiero que te vayas, mi florecita eres tú.

-¿No me dijiste hace poco que era una mariposa?

 Sí, pero cuando quieres volar para irte lejos, entonces le pido a Dios que te convierta en una rosa, y ¡aquí estás, florecita mía!

 -Madre, ya sé cuál es ese Jardín de Dios. Es la alegría. ¿No es cierto?

 -Sí, hija querida, es la grandeza y la dicha de ser niña. Recuerda siempre que Jesús dijo un día: “Dejad que los niños se acerquen a mí”

 

 

Alfabeto

 


En cada letra
del alfabeto,
vibra un mensaje
de inmenso amor.

 

Desde la A
hasta la Z,
hay una fuerza secreta
que nuevo aliento
nos da.

 

Amor, ternura,
infinito…

Se van haciendo
con letras
del alfabeto bendito.

 

Pero ni en música
o luz,
suenan tan dulces
y bellas;
como en los labios
de los niños,
!cuando le oran a Dios!

 


El Corderito Recién Nacido

 


-Madre, está mañana oí un corderito que balaba tristemente, fui hasta el aprisco, y encontré que el pobre era tan pequeñito que apenas podía moverse. I ¿sabes? La madre estaba junto a él como acariciándolo amorosamente. ¿Por qué hacía eso, madre?

 -¿Recuerdas la pequeña historia del niño ciego, que cuando no tenía a nadie a su alrededor, su madre venía a darle agua, a pesar de haberse ido de la tierra?

 Pues bien, el amor de madre es tan inmenso y tan puro, que su única gloria y placer consisten en el cuidado de sus hijos. I si eso lo hace una pequeña ovejita de Dios, ¿qué más no hará una madre amorosa con un hijo ciego, aún después de haberse marchado de la tierra? O sea, después de muerta, como se dice en el lenguaje de los hombres.

 -¡Oh, gracias a Dios que te tengo a ti que me amas, con ese amor tan maravilloso que El mismo puso en el corazón de las madres!

 

 

Reencarnación



Madre:
En nuestra conversación anterior dijiste respecto a la muerte, que es llamada así por los hombres, ¿puedes explicarme eso?

 -Sí, hija mía. ¿Ves la flor estremecerse de aroma en su verde tallo? Cuando se marchita y muere, viene el fruto; el fruto da la semilla, y si siembras la semilla, tendrás un árbol que vuelve a dar flor. ¿Crees entonces que puede hablarse de la muerte de la flor o de las flores?

 -No, madre. Es un proceso necesario; la flor sigue siendo con la misma forma y perfume en cada árbol de su especie. Por una que se va, ¡vienen tantas a embellecer el mundo!

 -Así mismo somos nosotros. La carne o cuerpo es un simple vestido, que cambiamos o adquiere otras formas cada vez que el espíritu se separa de la materia. La carne se desintegra, es pasto de seres inferiores, nutre la tierra, y en fin… sufre diversas transformaciones. El espíritu se va al espacio, hasta que un día vuelve a la tierra, o tal vez a otro planeta, para seguir con su misión o trabajo que es el progreso. La tierra gira en el espacio, nada se detiene, todo marcha hacia la perfección del plan divino.

 -Ya comprendo, madre; y para lograr esa perfección, ¿tenemos que comenzar una y otra vez en un niñito recién nacido o una niñita chiquitita?

 -Si, tal como está el árbol gigante escondido en la pequeña semilla.

 -I ¿nacemos muchas veces?

 -Sí.

 -¿Cuántas?

 -Solo Dios podría responderte acertadamente. Pero te diré que todas las veces que sean necesarias para la evolución del espíritu. Dios es eterno, justo y perfecto; y tendremos que nacer quizás, millares y millares de veces para acercarnos a su perfección. Vamos hacia El en eternas oleadas de vida –ya que en realidad la muerte no existe- ¿no te parece maravilloso?

 -Sí. ¡Qué alegría tan grande siento en el corazón! ¿I cómo se llama eso de nacer y nacer tantas veces?

 -Reencarnación.

 -Reencarnación… reencarnación… reencarnación. No olvidaré jamás esa palabra.

 

 

Infierno y Purgatorio

 

Madre:

Me decían mis condiscípulas en la escuela, que las personas malas van al infierno y al purgatorio cuando mueren. Claro, hoy no creo eso; pero antes me preguntaba: ¿por qué van a esos lugares si Dios es bueno?

 -Hija, no existen en el espacio lugares con esos nombres. Además, -como ya lo expliqué- lo que asciende y sigue su marcha evolutiva es el espíritu, y éste no puede quemarse porque es inmaterial y la llama es una cosa material. Dios da a los seres extraviados muchas oportunidades de volver a la tierra para que se enmienden; pues ningún padre quiere que el hijo desviado perezca, sino que se corrija.

 -¡Reencarnando, madre! ¿Ves cómo recuerdo la palabra? Lo comprendo perfectamente. Tiene que ser así. En esa forma encuentro a Dios más justo y amoroso con sus hijos.

 

 

Los Colores del Más Allá

 


¿Serán muy bellos
los colores del Más Allá?

¿Más que los matices
del alba y de la rosa,
y más que los tonos
del cambiante mar?

 Yo no tengo miedo
de morir un día.

Se fue mi abuelita,
y allá embelesada,
estará sonriendo
ante la belleza
de tanto fulgor.

!Quién pudiera verlos
tan cerca cual ella,
para pintar los mapas
de la escuela mía,
con esos colores
de paz y alegría!

 

 

Karma

 

Abuelito:
Mi madre me ha contado muchas cosas de la vida espiritual que antes ignoraba. Ayer, cuando fui con ella a una reunión de personas espiritistas, escuché dos palabras que me parecieron muy raras: karma y expiación, ¿puedes explicarme lo que significan, ya que las dos parecían referirse a la misma cosa?

 -Así es mi querida nieta, unos dicen Karma y otros expiación; ambas se refieren a la misma Ley de Compensación. I eso quiere decir, que todo aquel que cause daño a otro, tarde o temprano, tiene que esperar las consecuencias. San Pablo dijo: “Todo lo que el hombre sembrare, eso recogerá”. Si hacemos bien, bien nos vendrá. Si pasamos la vida sembrando el mal, recogeremos dificultades y sufrimientos, como efecto del mal que hemos ocasionado. Es la Ley de Retribución a la cual nadie escapa. Jesús dijo un día: “Con la vara que midas serás medido”. Por ejemplo, si Juan por envidia o espíritu de maldad le incendia la casa a su vecino Pedro, algún día, si no le ocurre en la vida presente, en alguna reencarnación futura se verá arruinado y sufrirá todo el mal que le ocasiono a Pedro. Si, porque nadie escapa a la Ley de Causa y Efecto.

 -¿Entonces, Abuelito, el niño ciego de nuestra historia, ¿le ocasiono un mal semejante a otra persona y por eso nació ciego?

 -Indudablemente, y es triste pensarlo porque se trata de un niño; pues de lo contrario, Dios no hubiera sido tan injusto para privar de la vista a un niño que no ha cometido ningún delito en su corta existencia, si solo viviésemos una sola vez. Esa Ley que llamamos de compensación, es absoluta y eterna, y ella nos enseña que Dios no es malo ni injusto; nosotros, únicamente nosotros, somos responsables de nuestra desgracia. Dios nos dio libre albedrío, para tomar el camino luminoso del bien o el sendero oscuro del mal.

 -!Gracias, abuelito, ha sido una lección maravillosa la de hoy!

 

 

Los deditos de Dios

 


Dime, abuelito:

-¿Quién enciende de noche las estrellas en el cielo, y quien las apaga de día?

 -Dios.

 -¡Oh, son tantas! ¿y cómo puede hacerlo tan rápido, abuelito?

 -En sus manos, Él tiene un dedito que se llama luz, otro viento, otro primavera, otro alegría… I así, cada uno tiene un nombre diferente. Cuando mueve el dedito luz, se encienden todas las estrellas del cielo.

 -I el dedito viento ¿qué hace?

 -Cuando lo mueve suavemente, abren los rosales sus capullos; oran las hojas de los arboles con leve fru-frú. El, agua riza sus ondas y toda la naturaleza parece que sueña.

-¡Qué maravilla; cuando lo mueve ligeramente ¿qué pasa?

 -Se deshojan las rosas de los jardines, caen las hojas de los arboles; las aves vuelan atemorizadas de un lugar a otro, y ocurren muchas cosas desagradables ocasionadas por la impetuosidad del viento.

 -¡Entonces Dios es malo! Mi madre me ha dicho que era bueno.

 -Yo también te he dicho a ti muchas veces, que no debes coger los nidos a los pájaros, ni maltratar los indefensos pichoncitos; y sin embargo, ayer trajiste un nido con dos pichoncitos recién nacidos que hace poco murieron de frio.

-Es cierto. Entonces yo tengo como Dios un dedito malo.

-Hija mía, Dios es muy bueno. Cuando su dedito de viento arranca las hojas viejas de los árboles, es para dárselas nuevas, y cuando se lleva una flor, en su lugar nace un fruto. I si apaga una estrella enciende otra; porque si El destruye, es para crear con más vigor y belleza. Él es el único que tiene derecho a disponer de nuestra vida, porque nos la da múltiples veces. En cambio tú, no sabes hacer un nido ni puedes devolverle la vida a los pichoncitos que murieron de frio.

 -Tienes razón, abuelito. No volveré a romper sus nidos ni quitarle los hijuelos a las palomitas.

 

 

Cierra, el Libro


 

Ahora, cierra el libro.

 Cierra el libro para que medites. Yo sé que eres muy pequeña y tal vez sería pedirte mucho; pero es tan fácil, como si leyeras los cuentos de las Mil y una noches, y así como piensas en tesoros materiales y palacios encantados; piensa también, que puede ser la estrella lejana un mundo mejor, y que según tu comportamiento, tarde o temprano, llegarás hasta ella; porque nuestro hogar es el Cosmos.

 Piensa que Dios nada ha hecho inútilmente, y tanto vales tú, como la pequeña hormiguita que lleva su provisión de un lugar a otro de la tierra.

 Sin dejar de jugar con tu muñeca, piensa siempre, que debes ser obediente, aplicada y comprensiva con tus padres y compañeritas. Hay muchas reglas para ser perfecto; pero creo, que una de las más importantes, es la de ser útil a los demás.

 ¡Que dicha, saber que tienes una eternidad para corregirte y ser buena con todos! Porque Dios es tan grande, que para EL no cuenta el tiempo ni el espacio, son los hombres que han puesto límites al tiempo y al espacio, y tú puedes progresar en cosa de años y hasta de horas si quieres. Si no vuelves a maltratar los pajaritos ni destruir sus nidos, ya has ganado bastante.

 Medita un poquito en todo lo que has leído, y si algo no comprendes; tal vez un ángel muy hermoso, vendrá a explicártelo todo durante el sueño, porque solamente los niños entienden el maravilloso lenguaje de los espíritus puros; pues ellos son los mensajeros del Mundo Elevado.

 Tu muñeca está seria, no habla ni ríe. Parece que medita. ¿Estará meditando? I si ella permanece seria y quieta, tú también puedes hacerlo, con más razón, pues tú tienes espíritu y te late un corazón dentro del pecho.

 Meditar, querida nieta, es quedarse embelesado ante el fulgor de una estrella, y luego preguntarse ¿quién la hizo?

 Meditar es quedarse quieta y callada frente a un rosal, hablar con las flores en silencio. Puedes llamarlas princesas, niñas de luz o mariposas cautivas. Nadie se reirá de ti, porque Dios es el único que escucha lo que se dice en silencio, y EL ama ese lenguaje puro de los niños porque también es poeta.

 Meditar, es inclinar la frente cuando tu madre te hace algún reproche. Piensa un rato y verás que tiene razón, y que todo cuanto te dice es por tu bien.

 



Meditar, querida niña, es hablar con Dios. Cierra el libro. Tu abuelo te bendice y desea que todos los días medites un poquito para que vivas siempre muy cerca de Dios.


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