La Luna Viene Cantando / 1978






La luna viene cantando

 

 

Poemas y teatro para niños

 

 

La poesía y el teatro infantil, son campos poco cultivados en nuestro medio cultural. Nuestros niños tienen que recurrir a la literatura foránea y deformante de su mentalidad antes que a textos propios de su edad. Por esa razón, El Instituto Zuliano de la Cultura “Andrés Eloy Blanco”, considerando que es su deber ineludible publicar libros a todos los niveles, edita la presente obra de la distinguida escritora Rosa Virginia Martínez, consagrada íntegramente a la poesía y teatro infantil, que nuestros niños leerán con agrado, porque lo enriquecerán en su gusto estético por la fina sensibilidad con el cual está pensado y escrito.

 

 

Dedico a los abnegados maestros y niños de mi hermosa tierra venezolana, con el júbilo inmenso de quien vuelve a encontrar –al escribir estas páginas- el río transparente de la infancia.

R. V. M.

 

 

La Negra Matea

 

La negar Matea,
lleva de la mano
al niño Simón.

 

Cruzan por las calles,
desandan veredas,
van hacia los ríos
de vivo cristal.

-¡Vamos, Simoncito,

Aprende a correr!
Camina… camina…
del valle a la cima,
de la casa al mar.

 

Vamos, Simoncito,
rompe zapatitos,
!muchos zapatitos!
hasta que no quede
donde más comprar.

La negra Matea,
con su voz de caña
y su risa blanca,
enseña al pequeño
a dar pasitos
y luego a correr.

 

Transcurren los años…
!y caminó tanto,
que pasó los Andes,
que pasó los mares
el gran Don Simón!

 

En mi patria bella,
en Perú y Bolivia,

Ecuador, Colombia,
refulgen las huellas
de su redención.

Don Simón camina
por extensos valles,
por cerros y montes
de cinco naciones
que dio Libertad.

 

Un día, muy triste,
muy enfermo y triste
quiere reposar;
pero una voz dulce,
le sube clarita
desde el corazón:

 

¡Camina, camina,

Mi niño Simón!
De la tierra
al cielo…
de la tierra
al cielo…
que aquí en Santa Marta
termina tu misión.

 

Don Simón sonríe
y cierra los ojos.
!Don Simón camina
por la eternidad!

 

 

El baile de los pollitos

 

Pío, pío, pío,
el pollito blanco
quiere ir a bailar,
en el gallinero
de mamá Coral.

 

Pío, pío, pío,
el pollito negro
quiere ir a bailar
en el gallinero
de mamá Coral.

Pío, pío, pío,
el amarillito
también va a bailar
en el gallinero
de mamá Coral.

 

I como son tres,
si queda uno mingo
llorará después.

 

Bailen a la ronda,
-les dice Coral-
y así bailan todos,
todos por igual.

 

I forman la rueda
con gran alegría,
y bailan y cantan
los tres, pío, pío.

 

Si mamá no baila
se muere de frío;
que baile y que cante
también pío, pío.

 

I sale Coral,
con su gallo blanco
feliz a danzar .

 

Pío, pío, pío,
pío, pío, pío.

 

Después de la fiesta

Se van hasta el río,
a buscar granitos,
de agua y de sal,
para todos juntos
comer y cantar.

 

 

Primer día de escuela

 

Mamá,

¡que linda
es la escuela!
Tiene un patio
grande,
con muchos
árboles,
y cada árbol
tiene una letra
de color
en el tronco.

 

Esta mañana
la maestra me dijo:
Tráigame una hojita
de la “M”,
y yo fui a la casa
verde,
Y le pedí una hojita
para la Señorita.

 

En la tarde me dijo:
Llévele este
cantarito de agua
a la “A”.
Yo fui y la regué,
y aprendí a leer:
mamá.

 

La muñeca ciega

 

MI muñeca
rubia
perdió sus ojitos;
eran
redonditos,
verdes
como el mar.

!Qué pena
tan grande,
mi muñeca
ciega,
no puede bailar!

 

Centavo
a centavo,
pediré
a mi padre,
para
sus ojitos
volverle a comprar:

 

Como un taqui… taqui…
se escucha
algo raro
en su barriguita.
Venga un
cirujano
a ver qué será.
El médico llega,
y los dos
ojitos,
saca muy contento
de la barriguita,
y con gran cuidado
vuelve a colocar.

Centavo a centavo,
pediré
a mi padre;
pero este buen
médico,
por sus honorarios
no quiere cobrar.

Con este dinero
-me dijo al marcharse-
cómprele bombones,
galletas
y leche;
para que de hambre,
esos dos
ojitos,
!más nunca
en la vida
se vuelva a tragar!

 

 

Cri… Cri

 

En la noche
obscura,
el grillito canta
cri, cri
cri, cri.

 

El breve
jazmín,
y el lirio de
nieve,
escuchan
alegres,
el dulce
cri, cri.

 

Las hojas
de mar,
la menta
y el nardo,
se quieren
bajar,
pero…
cri, cri,
cri, cri,
con un piececito
no pueden
bailar.

 

I arriba
se quedan,
oyendo al
grillito
cantar
hasta el alba
el dulce
cri, cri.

 

 

Las dos naranjas

 

Anoche
cayeron del naranjo
dos naranjitas
maduras.
I desde
que abrió el
alba
su abanico
de colores
están conversando.
Dice la más
grande:
-Yo soy más
hermosa.
He crecido
tanto

Como una toronja.
!Mira mi corteza,
parece
una esponja!

 

-No seas
orgullosa,
-responde la chica-
si tu peso
es oro,
yo guardo nobleza
en mi corazón,
y todo
lo cifro,
en vivir mis
días,
debajo del
árbol
que me dio su
savia
y su bendición.

 

-¡Vaya, qué
modestia!
Mi vida
será más larga,
porque tengo
más salud.

En ese momento
pasó el jardinero,
y al ver la
naranja,
dorada
y hermosa,
presto la tomó,
diciéndose
ufano:
esta que es
más grande
me la como yo.

I la chiquitita,
riendo de su suerte,
debajo
del árbol
alegre quedó.

 

 

Lluvia

 

La lluvia canta descalza
en el patio de la escuela.
Besa a la albahaca
y al lirio
con besitos de cristal.

 

Convida la lluvia alegre
a los niños a jugar.
Más, la maestra no quiere
porque pueden enfermar.

Sigue la lluvia solita
en el patio de la escuela.
Cae una flor de naranjo
que la quiere acompañar.

 

Dice un niño que es poeta:
!quisiera ser esa flor!

 

La navidad del niño enfermo

 

Preguntóle el niño con voz fatigada
a la madre enferma de melancolía:
¿vendrán en la noche, o en la madrugada,
o no vendrán nunca, buena madre mía?

 

Di que es cierto, madre, que vendrán los Reyes,
cubiertos de regios vestidos pomposos,
cual todos los años, por divinas leyes,
trayendo a los niños juguetes costosos.

 

Apártalo todo con mucho cuidado,
ese estante roto, y esa silla vieja.
¿Qué dirán si llevan el traje rasgado,
o en su cuerpo advierten, herida bermeja?

 

Que ningún objeto dañe sus sandalias,
que pasen marcando su paso bendito,
esparciendo en torno, perfume de dalias,

Hasta en la pobreza de mi zapatito.

 

¿Qué piensas?... ¡Oh, madre! ¿Por qué la tristeza
vela en tus pupilas la lumbre infinita?
¿Por qué vacilante, doblas la cabeza,
con afán perenne de rosa marchita?

 

¿Qué quieres? No espero ni grandes ni chicos
extraños juguetes de bellos colores,
pues es privilegio de los niños ricos
que duermen en lechos de gasas y flores.

 

No sé por qué sufres, cuando yo solo quiero,
pequeña cajita de varios creyones;
así tendré todo: la fuente, el lucero,
la casita blanca, nardos en botones.

¡Qué frío tan frío penetra en la estancia!
!No madre, no cierres, no cierres la puerta,
que después los Reyes que aroman la infancia,
pasarán creyendo la estancia desierta…!

 

I durmióse el niño, febril, delirante,
soñando travieso, que sus manecitas,
dibujaban rosas del prado distante,
y la blanda nieve de las margaritas.

…………

 

Después que la incierta claridad del día,
derramó doquiera su sonrisa franca,
la mujer enferma de melancolía,
tendió sobre el niño la mortaja blanca.

Tuvo muchas rosas regadas con llanto,
colores del alba, oración de angustia;

Menos la cajita que soñara tanto,
en las navidades, de esperanza mustia.

 

 

Cuento del conejito

 

El conejito blanco,
quiere ir a la fiesta
hecho un primor.

Con cien hojitas verdes
hizo un chaleco,
y una flor amarilla
puso en su ojal.

Bastoncito de rosa
lleva en la mano;
y en la cabeza,
un sombrerito
de caracol.

Cruza ligero
por la maleza;
ya que la fiesta
muy pronto empieza.

Más, el lobo viejo
siempre en acecho
por las orejas
lo conoció.
I dando un brinco
cerróle el paso,
y todo entero
!pun!
se lo comió.

 

 

La alcancía de Carlitos

 

Tilín… tilín…
Es el polero
que detiene su carrito blanco
frente a la
Escuela,
porque sabe
que los niños,
acudirán a comprar.

 

-Yo quiero
uno de coco.
-Para mí de guayaba.
-A mí de fresa.

Todos los chicos
comen su polo;
menos Carlitos,
que se acurruca
muy triste
y solo
en un rincón.

 

¡Qué gran tragedia!
Tilín… tilín
El pobre chico
no se atreve
ni a chupar,
porque tiene
un diente flojo,
que teme
pueda largar.

 

Tilín… tilín…
Hoy es el primer día,
que ahorró
su monedita,
para la alcancía
que hace dos años
le regaló el papá.

 

¡Miren Ustedes,
a este Carlitos
que ahorrativo es;
si siempre tuviera
un dientecito flojo,
que rico sería!

 

 

El niño y la luna

 

Voy a correr
con la luna.
Ella por su cielo,
de nubes
y estrellas;
y yo
por la tierra,
llena de claveles
y de margaritas.

 

Camina, camina
lunita redonda.
!Ay, qué nube
tan negra,
cubre tu carita.

!Ay, ay,
otra vez te asomas,
por el ventanal
de cien
luceritos!

 

O vayas de prisa,

Que los angelitos,
pasan por el cielo
escobas de brisa.

 

Perdí mis botitas
en el patio
oscuro.
Quédate un ratito,
parada
en la altura.
Quédate un ratito,
en mitad del cielo;
mientras yo descanso
en mi chinchorrito.

 

………

 

La luna
sigue corriendo,
y el niño
se está durmiendo.
La dulce madre
lo arrulla,
y le pide a la
lunita:
que jamás crezca
su hijo,
para que siempre
con ella,
juegue a correr
por la tierra,
en el patio
del cortijo.

 

 

La casita de maíz

 

Yo soy el maíz
un granito rubio
que vive feliz.

Mi casa:
una torrecita
llena de hermanitos.
Cobijitas plásticas
de color
marfil,
nos libran del viento
y también
del sol.

I allá
en lo más alto
de la torrecita,
flamea a los vientos
una banderita
de alegres
hebritas,
como los cabellos
de los angelitos.

 

 

La Indiecita triste

 

¡Si esta indiecita
de ojos
oblicuos
y pile de níspero
supiera
leer y escribir…!

 

Con cuánta emoción
sabría:
que tuvo un bohío
muy grande,
una elegante
canoa,
y una huerta con maíz!

 

¡Qué fue dueña
del paisaje,
con su arco
y con su escudo,
que corría
por la selva,
como diosa
tropical!

 

Ahora marcha
por las calles,
pidiendo
para comer.
Ella
que bailo
la chicha,
ya no sabe ni reír.

Cantemos
la ronda-ronda
al verla triste
pasar.
Ocultos lleva
lleva en la sangre,
la guarura
y el tambor.

 

Cantemos
la ronda-ronda
y tendámosle
la mano,
a ver si con nuestro
canto,
ella vuelve a sonreír.

 

¡Ven indiecita
querida,
que todos
estos niñitos,
te queremos
alegrar!

 

 

Pompas de Jabón

 

En la mañana de oro,
el niño
junto a la abuela,
hace pompas
de jabón.

Grita el chico
jubiloso:
-Mira abuelita querida,
qué linda
la que va allá,
lleva el lago reflejado
en su límpido
cristal.

En vano buscan sus ojos,
por el cansancio
empañados,
esas cosas primorosas
que su nieto
ha señalado.

 

-¡mira esa otra, abuelita,
lleva unas casitas
rojas
con su río y su pinar,
y un barco
con enanitos,
que me invitan a jugar!

 

Mira y mira
la abuelita
los globitos de jabón;
pero los años
le impiden,
!ver esa tenue
ilusión!

 

¡Ay, abuelita,
qué bella!
esa que partió veloz:
te vi joven,

Y a tu lado
un romántico
doncel.

 

La abuelita
cierra los ojos,
y una lágrima fugaz,
se confunde en la
mañana,
con los globos
de cristal!

 

 

Charquito de Estrellas

 

Este libro pequeñito
es un charquito de estrellas;
danzan y danzan calladas
cuando nadie está en la orilla.

 

Miren niños ¡tan quietitas!
con sus faldones de luna
sentadas sobre las aguas.

 

¡Cuántos años caminaron
para bañarse en las ondas
de este charquito tranquilo?

 

Como todas las cosas de arriba
se reproducen abajo.
Todas las cosas de abajo
se reflejan allá arriba.

Este charquito de estrellas
tiene un lugar en el cielo,
donde los ángeles lavan
sus cansados piececitos.

 

 

Limoncito de Oro

 

Mi matica de limón:
si pudieras caminar,
te prestaría
mis zapatitos,
para irnos juntos
a ver el mar.

 

Si pudieras caminar…
de las aguas
cristalinas,
emergieran las ondinas,
para contar tus lunitas
verde mar…
verde mar…

Así dirían:
Uno, dos, tres…
aquel no es.
Cuatro, cinco, seis,
este de oro
parece el rey.

I el limoncito,
-como soñando
de la alegría-
del cielo verde
se caería.

 

Pequeña lunita de oro,
-te cantarán las ondinas-
vamos a llevarte al fondo
de nuestro cofre sonoro.

Limoncito maduro,
limoncito de olor,
del joyero de corales
tú serás nuestro señor.
!Din, don, din, don!

 

 

El Cocotero

 

Cocotero de mi lago,
te empinaste desde chico,
para contar las
estrellas.

Yo nací primero
y tú después,
y ya lo ves,
me pasaste en tamaño
y también
a nuestro abuelo.
!Qué carrerita te llevas
para jugar
con las nubes!

 

Tienes un hermoso

Espejo,
para mirarte los brazos
cuando el lago
está sereno.
Tienes un hermoso espejo
y zapatillas
de espuma.

 

Si te volvieras chiquito
como la hierba del patio,
parecieras una araña
cargada de lunas verdes.

 

Pero ya has crecido tanto,
que juegas con las estrellas
en una ronda de nubes.

 

Si me oyeras te diría:
no crezcas más, cocotero,
pues siempre que caen tus frutos,
se hace añicos el espejo.

 

 

 La Ranita Bullanguera

 

 

RANA.

Cro… cro… cro… cro…
Ya llegó la lluvia
hasta mi pocito,
!Qué buena es el agua,
qué alegre estoy yo!

 

 

PECECITO.

Mi casa es más grande,
yo vivo en el mar.
!Qué bueno es jugar,
detrás de los barcos
que siento pasar!


RANA.

 

Cro… cro… cro… cro…
!Qué alegre estoy yo:
juego con la estrella,
que desde su cielo
se viene a bañar!

 

 

PECECITO

 

¡Ah, ranita boba!
Luna, sol y astros
caben en el mar.
No hagas tanto alarde
que luces muy mal.


RANA.

No me importa nada,
aquí soy feliz.
Sé que a ti te pescan
y también te comen.
Ya ves vecinito,
y a mí no… a mí no…
!qué alegre que estoy yo!

 

 

El Niño Futuro

 

El niño futuro será fuerte y ágil.
!Llevará en sus manos: lo duro,
lo frágil,
el símbolo, el libro, la luz!

 

El niño futuro llevará en su boca;
la grata, la inquieta
palabra bendito de la libertad.

El niño futuro abrirá el sendero,
marcándole a todos triunfal derrotero
como heraldo nuevo
de la humanidad.

 

El niño futuro odiará la sombra,
las claudicaciones, la violencia ruda,
y todos los males que siembran
los hombres.

El niño futuro amará los libros,
la ciencia, la escuela,
abrirá horizontes de luz y verdad.

 

Heraldo triunfante del verbo y la idea,
llevarán sus labios
como luz febea,
!la palabra inquieta
de la libertad!

 

 

Limpiabotas

 

Amiguito limpiabotas:
quiero ir contigo
a tu barrio,
y deambular por las
calles,
y sentarme a la sombra
de los árboles,
y en las plazas
de la ciudad,
y limpiar… limpiar… limpiar…
los zapatos
por un real.

 

Quiero saber lo que sufres
y lo que sudas;
porque la maestra dice:
que todos somos Hermanos.
Que tú eres negro
y yo soy blanco,
que tú vistes harapos
y yo de seda;
pero que somos hermanos,
porque Dios
es el padre de todos.   

 

 

Pañuelitos Verdes

 

Apenas llovió ayer,
y ya los árboles
amanecieron llenos
de pañuelitos verdes;
para saludar
a los pájaros,
a la brisa
y a los niños
de mi Escuela.

 

Arbolito del camino:
regálame un pañuelito
para premiar a Juanito,
que siempre
escucha la clase,
muy atento y calladito.

 


El Barco de Papel

 

Madre:
déjame cruzar
el mar
en mi barco de papel.

!No se hundirá!
Seré capitán de brisa,
con marineros de espuma
en tan liviano bajel.

 

Trepando
al palo mayor,
te traeré de regalo,
una lunita redonda
con su estrellita
de miel,
que alargando mi bracito
sé que las podré
alcanzar;
porque allá en el
horizonte,
se unen el cielo
y el mar.

 

Madre mía:
déjame cruzar el mar,
antes que vaya
a la escuela
y no pueda navegar.

 

 

Nuestra Bandera

 

Doce niñas: cuatro de faldas anchas amarillas; cuatro de azul y cuatro de rojo. Cotas blancas. Avanzan hacía el escenario cogidas de la mano, cantando a coro:

 

Miranda fue el precursor
de la magna independencia,
que nos legó con amor
esta enseña de elocuencia.

Colocadas en fila, cantas las de amarillo, moviendo sus faldas con gracioso ritmo:

 

Amarillo es el oro
y es el trigo maduro.
Mi color es el emblema
del más rico tesoro.
MI color es tan puro
cual la más rica gema.
Amarillo el canario
y la gota de sol,
cuando en el campanario
se duerme el arrebol.

 

(se repite)

 

Callan. Cantas las de azul, con el mismo movimiento rítmico de las primeras:

 

Azul es nuestro cielo
y también es el mar.
Azul es todo anhelo
y gloria de soñar.
!Mirad, nada hay más bello
que amar la poesía!
!Azul es el destello
del numen ¡patria mía!
Bendito este color
que con inmenso amor,
de sueños en la frente
nos dio el Omnipotente.

(se repite)

 

Cantan las de rojo, en la misma forma que las anteriores:

 

Nuestra sangre es roja
u rojo el clavel.
Roja la amapola
que la lluvia moja

Con gotas de miel.
!Qué regia corola
se formó en la tierra,
con la sangre ardiente
que fluyó en la guerra
prócera y valiente.

 

(se repite)

 

Cantas todas al mismo tiempo:

 

Olímpicos fulgores,
de cánticos y arrullo
brindemos con orgullo
al bravo precursor,
que en estos tres colores
nos dio todo su amor,
nos dio todo su amor.

 

 

Hoy es tu día


Árbol querido:
Hoy es tu día,
y estás vestido
con tu alegría.

De lindas flores
te coronaron.
Dedos de amores
te retoñaron.

 

¡Qué verde verde
luce tu traje,
tu voz se pierde
en el paisaje.

 

Voz de tus hojas
y tus raíces.
!Jamás te enojas,
por eso siempre
cuando te veo,
yo te deseo
días felices!

 

 

El Cardón

 

Mi querido cardoncito:
hoy vengo
a saludarte,
porque es tu día
y sé que nadie
se acordará de ti.

 

Nadie cuenta
tus años,
ni las veces
que floreces.
Nadie te pide en secreto
ni siquiera
un alfiler.

 

Quizás,
con tus manos largas
directas al cielo,
desde que naciste
le pides a Dios:
!que cada espinita
la torne una flor,
para que la gente
-hoy indiferente-
se acerque
a tu lado
con inmenso amor!

 

 

El Granito de Maíz

 

Esta mañana
muy tempranito,
con mi abuelita
me fui al corral.

Ella llevaba
un cestito con maíz.
Al llegar le dijo
a las gallinitas:
-Aquí les traigo su
ración.
Vengan todas a comer.

 

I volaban al aire
los granitos de oro,
y yo me divertía
mirándolos caer,
sobre las plumas
del gallo copetón,
sobre la arena,
y los pollitos
que hacían visajes
para tragar.

 

Sobre una piedra grande
cayó un granito
que nadie vio.
!Qué alegre estaba,
como un topacio
brillando al sol!

 

Sintiendo lastima
de que el gallito
se lo comiera,
fui hasta la piedra
y lo guardé.

 

Tres días seguidos,
lo llevé a la escuela
sin que nadie lo supiera.
I a veces sonaba
alegremente
en el fondo
de mi viejo maletín:
tín, tín, tín, tín.

 

Pero un día
lo ví triste,
como si quisiera
bañarse,
jugar con la arena
y mirar al sol.
Sentí lastima de nuevo,
y en el patio de mi casa
lo sembré.

 

Ahora tengo una matita
para llevarla a la Escuela
cuando llegue
el Día del Árbol.
Quizás,
será la más humilde de todas,
!pero ella sabe
que fue un topacio,
sobre una piedra
brillando al sol!

 

 

La Luna viene Cantando

 

Con campanitas de plata
y su voz de caramelo,
la luna viene cantando
por los senderos del cielo.
Ni acacia ni pino fresco
su marcha pueden cortar,
porque viene hasta mi barrio
con los chicos a jugar;
con los chicos de mi escuela
que es un jardincito en flor.

La luna, lunita niña;

Viene tocando el pandero;

Para asustar a los grillo
escondidos en la hierba.
Cantando viene, solita,
con su voz de caramelo.
Sin cesar, corre que corre,
por la celeste autopista.

 

Nada la detiene, nada:
ni rosal, ni cocotero;

Pero se quedó parada ¡ay!

Frente al agua del estero.

 

¿Qué magia tiene ese espejo,
que detuvo a la lunita
sin cordel de plata fina?
Esperando están mis niños
debajo del limonero,
para que cante las coplas
que le enseñara un lucero.

 

La luna se está mirando
en el cristal del estero,
para llegar más hermosa,
con su canto y su pandero.

 

 

Copito de Espuma

 

Personajes

 

El DR. ESPECIALISTA EN NIÑOS
LA MADRE

PEDRITO, HIJO MAYOR DE LA MADRE
COPITO DE ESPUMA, HIJO MENOR DE LA MADRE
VARIOS NIÑOS DEL PUEBLO
QUE NO APARECEN EN ESCENA

 

ACTO EN TRES ESCENAS

Una salita alegre y modestamente arreglada. Al fondo ventana y puerta; cerca de la ventana está la cuna del niño menor (este es un muñeco grande y hermoso) que llora de vez en cuando.  La madre se acerca a la cuna y canturrea para consolarlo. Pedrito, sentado en el suelo con varias revistas, se entretiene cortando las figuras que más le agradan.

 

ESCENA PRIMERA.

 

LA MADRE. Vamos mi niño, no llores más… (Canturreando). No llores, que algún día, Jesús el amigo de los niños, se asomará por esa ventana para ponerte dos ojitos nuevos. (Lo levanta de la cuna, el niño tiene dos parches negros en lugar de los ojos). No es posible, no se consuela con nada. (Dirigiéndose a Pedrito). Deja. Deja. ¡Deja el juego, Pedrito, ve corriendo y dile al médico que venga pronto porque Copito de Espuma perdió los ojitos de llorar!

 

PEDRITO. (Aún sentado). I ¿no dices que vendrá Jesús para curar a mi hermanito?

 

LA MADRE. Vete hijo, no pierdas tiempo que el niño desespera.

PEDRITO. (De pié). ¿A dónde vive el médico, mamá?

LA MADRE. En la Comarca del Sueño, vecinito de los lirios.

 

PEDRITO. ¿Cómo sabré que es él?

 

LA MADRE: Lleva siempre un maletín en la mano derecha, y una mariposa grande, de bellos colores, en el hombro izquierdo.

 

PEDRITO. (Sorprendido). ¿Una mariposa, será loco acaso?

 

LA MADRE. No hijo. Es un médico especialista en enfermedades de los niños, y la mariposa le dice al oído, cuándo el caso es grave, si se salvará o morirá el chico a quién prodiga sus cuidados.

 

PEDRITO. Esto me hace gracia. Nunca me han dicho en la Escuela que hablaran las mariposas.

 

LA MADRE. (A media voz). Vete pronto, antes que el niño comience otra vez a llorar.

 

PEDRITO. (Dándose prisa). Bien, madre. Iré a buscarle inmediatamente.

 

ESCENA II.

 

Entra el médico con una bella mariposa de papel en el hombro y su maletín en la mano. Enseguida entra Pedrito, que de nuevo se da a la tarea de seguir cortando las figuras de las revistas. Afuera se escuchan voces, gritos y canciones de niños.

 

DOCTOR. ¡Buenos días, mi señora!

 

LA MADRE. (Acercándose a recibirlo). Buenos días tenga Ud. mi querido doctor. ¡Gracias a Dios que llegó en tan breve tiempo, porque ya era morirme de angustia! (Con gesto sorprendido por la bulla que escucha afuera). Pero, ¿qué es ese barullo que viene de la calle, lo sabe Ud?

 

DOCTOR. ¡Oh, mi buena señora, no se alarme UD.! Es mi corte de angelitos descalzos. Más de veinte niños van conmigo a todas partes, mis honorarios los comparto con ellos. Si viera qué cara ponen cuando les doy un cubo de caramelos o un tarro de leche fresca.

 

¡Sí, sí. (Riendo de emoción y acariciando el pelo dorado del niño enfermo). Ellos me creen loco, porque voy por todos los caminos con esta mariposa al hombro. Pero no, mi buena señora, yo amo tanto a los niños, que tuve que inventar algo para tenerlos siempre a mi lado. (Va hacia la puerta con el índice sobre los labios). ¡Vamos niños, callen por favor; pues el chiquitín que he venido a ver parece que está muy grave! (Volviendo hacia la madre). ¡A ver señora mía, ¿qué tiene este lucerito tierno?

 

LA MADRE. ¡Ay Dr., perdió los ojitos de tanto llorar.

DOCTOR. (Con gravedad).  ¡Los dos?

 

LA MADRE. ¡Sí, los dos! (Colocando al niño de frente). Mírelo usted.

DOCTOR. ¿I cómo ocurrió tan amarga desventura?

 

LA MADRE. Pues verá Ud. Un día quiso comerse una tajadita de luna, se veía en el cielo redonda y madurita; y como yo no pude alcanzarla, lloró tanto que perdió los ojitos.

 

DOCTOR. ¿No ve nada?

 

LA MADRE. Nada, doctor, puro llanto es lo que ve.

 

DOCTOR. (Abre el maletín, revuelve el fondo como el que busca algo, luego estira el índice y empuña los otros dedos de la mano derecha, en esta posición acerca ola mano a la cara del niño). ¡A ver lucerito tierno, esto es un pirulí! ¡Lo hizo un pececillo en el río que sabe cocinar muy bien! ¿Te lo quieres comer? ¡Agarra, agarra lucerito mío! (Consternado). ¡Qué terrible, no levanta sus manecitas, no lo ve, con seguridad que nada podré hacer en este caso! Es inútil (Hace que mete el dedo en el maletín). Adiós, señora. No se desespere; que un niño ciego, también es una limosna que Dios manda para enseñarnos el camino de la resignación. (Saliendo). ¡Adiós!

 

LA MADRE. No se vaya doctor, sálvelo, se lo ruego. (Dirigiéndose a Pedrito). Pedrito, corre y dile que vuelva. El jamás desprecia a los niños. (El chico sale corriendo).

 

ESCENA III.

 

La madre pasea al niño por toda la pieza, este llora desconsoladamente, levanta unas figuras del suelo para mostrárselas.

 

LA MADRE. ¡Santo Dios, si pudieras ver estas cosas tan lindas, no puedo acostumbrarme a semejante desgracia, y pensar que solo el Dr. Podría salvarlo! (El niño llora). ¡Calla, calla mi Copito de Espuma! (Hacía la puerta). Ah, que dicha, es él que regresa. ¡Adelante!

 

DOCTOR. (Entrando con Pedrito). ¡Ay, señora mía! Esto me parte el alma. He regresado por la voluntad de un niño, y yo a ellos no puedo negarles nada; pero todo es inútil, este caso no tiene remedio. Si le doliera la barriguita, yo le pondría un vendaje de miel, o cuatro pelitos en cruz del rabo de Tío Conejo; pero con dos pétalos de rosa sobre sus párpados el niño no verá nada, nada, ¡es terrible! Pero es la verdad.

LA MADRE. (Casi llorando). No diga que no, mi doctorcito, Ud. puede salvarlo.

DOCTOR. Si yo pudiera le pondría dos estrellitas luminosas; pero tienen que ser dos ojitos vivos para que vean todas las cosas que hizo Dios.

LA MADRE. (Arrodillándose ante el Dr.). No me diga que no, Ud. puede hacer un milagro. Recuerde que es un niño; se lo ruego, ¡por su corte de angelitos descalzos!

 

DOCTOR. ¡Bien, bien, la mariposa lo dirá, es el último recurso! (Habla al oído de esta y se queda muy triste, muy triste).

 

LA MADRE. ¿Qué pasa, no hay remedio?

 

DOCTOR. Sí, dice que se salvará.

 

LA MADRE. (Grita de alegría y se levanta). ¡Verá otra vez el sol, las flores y los pájaros! ¡Pero, será posible! Porqué está tan triste mi querido doctor, ¿no se alegra de hacer un milagro tan grande como este?

 

DOCTOR. No hay motivo para alegrarme. La mariposa me dijo que le pusiera sus ojitos; pero que ella morirá. I yo sé que otra igual no encontrare en el bosque; era mi ángel guardián, mi espíritu protector, y yo sé que al perderla, también perderé con ella a mi corte de angelitos descalzos.

 

LA MADRE. (Triste). ¿I no hay otro recurso?

 

PEDRITO. (DE repente y acercándose al doctor). ¿I un solo ojito no servirá, para que de ese modo vean los dos?

 

DOCTOR. (Abrazándolo). ¡Qué idea tan maravillosa! Todos los niños son “pequeños mesías”. Ellos son la esperanza, la alegría y la paz del mundo. (Alborozado). ¡Vamos a proceder, tú me ayudarás! (Abre el maletín). Acueste el niño en la cuna. (Quita la mariposa del hombro y la coloca cerca del niño. Los tres se inclinan sobre la cuna, hace que le quita un ojito a esta y se lo pone al niño). ¡Fíjense, ya vé, ya vé!

 

LA MADRE. (Sacándolo de la cuna). ¡Qué alegría! (Lo abraza contra su pecho). ¡Qué alegría tan grande, Dios mío!

 

TODOS. Se estrechan alrededor del niño.

 

TELON.

 

 

El Ballet de las Flores
o Espíritu de la naturaleza

 

PERSONAJES.

NIÑA ESTUDIANTE O ESPIRITU DE LA NATURALEZA
(VARIOS INVISIBLES)

CUERPO DE BALLET

 

SE desarrolla la acción en un jardín de flores naturales o artificiales, según convenga. Se destacan en dicho jardín la rosa, el lirio, flor de abrojo, orquídea, violeta y la hierba que cubre parte del suelo.
Al pie del verde ramaje, una niña estudia en voz alta su lección de botánica. Aparece sentada cerca de la hierba.

 

LA NIÑA. (Con el libro abierto leyendo). “La flor es un órgano de vida efímera, que sirve para realizar la reproducción de los vegetales. Está constituida por las envolturas florales y por los                                 órganos de reproducción, las envolturas florales son el cáliz y la corola… (bosteza, deja caer el libro, se abandona sobre la hierba y queda dormida).

 

Comienza el diálogo de las flores, parte la voz del micrófono que debe estar situado en un punto invisible.

 

ROSA. ¡Oh, cruel destino el mío! Vivir tan poco tiempo en el maravilloso mundo delos hombres, con esta fragancia, este color y estos pétalos de seda. Rosa blanca, rosa roja, rosa pálida me llaman los poetas; cuando quieren ensalzar la belleza de una dama la comparan conmigo, y si me libran de este cautiverio, es para morir sobre el pecho de una hermosa mujer o en el fino jarrón de porcelana. Dios me dio ciento de espinas agudas para defenderme; pero a pesar de todo, cualquiera me toma, diseca o secciona cuidadosamente como si se tratara de un cuerpo humano. ¿Oyeron todas lo que leía esa niña?

 

FLOR DE ABROJO. ¿I te quejas de tu suerte, bella rosa de este jardín? ¿No has temblado de emoción cuando el rocío enjoya tus pétalos de seda? ¡Feliz Tú, que vas a los salones sobre el pecho de las damas! ¿Más, quién puede volver los ojos hacia este triste abrojo que te responde?

 

ROSA. Si, pero Dios pudo haberme dado dos piececitos verdes para poder caminar por las orillas del mar. ¿Ves cuán pequeña es la hormiga y adondequiera va?

 

LIRIO. Yo soy el lirio, hermana rosa; el lirio escultural que arrulla el viento. Antes, todos me atendían y solicitaban, mi nombre figuraba en las novelas y lugares donde florecía el amor. Pero como todo pasa de moda, ya nadie se acuerda de mí. Flores importadas de lejanos países, ocupan ahora mi lugar.

 

LA HIERBA. Hermoso lirio, yo soy la humilde hierba que te habla desde abajo, siempre pequeña e insignificante, vivo soñando con la altura. Ni la brisa ni la lluvia me toman en sus manos para elevarme un poco. Nadie tiene piedad de mí, soy pasto de los animales y víctima del hombre que me tritura con sus plantas.

 

LA ORQUIDEA. Hermanas mías, hasta mi sitio, casi cerca de las nubes, llegan vuestras voces de inconformidad y reproche. Soy la flor nacional de Venezuela. ¡Mírenme todas! Parezco una mariposa de cristal, mi cuerpo es leve y lleno de poesía como el cielo de mi tierra. Orquídea me llaman, por mi forma caprichosa y la variación de mis colores. ¡Más, ay! Vivo prisionera en este añoso tronco. El viento azota mis pétalos y lleva mi llanto confundido en el susurro de sus alas. ¡Me siento tan sola y lejos de vosotras, que sin lugar a dudas, me cambiaría por ti, hermosa hierba; pero parece que a nosotras ¡pobres flores de tierra! ¡Ningún Dios nos escucha!

 

(La niña dormida que leía el libro, se levanta como sonámbula, va hacia el centro del jardín, y dirigiéndose a todas las flores dice con melodiosa voz:)

 

Hace un buen rato que os escucho, almas perfumadas de la primavera. Yo soy el espíritu de la Naturaleza, el alma del rocío, o un ser etéreo que puede cambiar su forma a voluntad. Formamos legión en los mundos, y en los cuentos de los niños nos llaman hadas, duendes, silfos y otros nombres que el hombre ha inventado, para explicar nuestra presencia en la tierra.

Preferimos vagar por lagos y bosques, parques y jardines donde juegan los niños. En veces, nos aparecemos en sus sueños con la celeste figura de los ángeles, y también les llamamos desde la  espesura; pero ellos confunden nuestras voces con el rumor de las hojas y el canto de la brisa.
Forma parte de la gran corriente de vida que anima todos los vegetales de la Naturaleza, desde el gigante roble hasta la menudita hierba que tiembla de humildad. Cabalgaba en el corcel del viento, cuando me detuve a escuchar vuestras quejas, y como nuestra misión consiste en guiar la evolución de los vegetales; aquí estoy con la varita mágica de mi voluntad para satisfacer vuestros deseos. ¡Queridas flores mías! Yo necesitaba un cuerpo físico para poder manifestarme; pues quería tocar vuestros pétalos de seda (acercándose y tocando las flores) con dedos humanos y escuchar muy de cerca vuestras quejas, para obrar el milagro de la transformación. ¿Todas queréis ser libres? Tienes la palabra, hermosa Orquídea.

 

LA ORQUÍDEA. Sí, me siento prisionera como una araña en su sol de oro, quiero tocar la tierra, sentir la emoción de la hierba que crece sobre la arena. Vivo tan alta, que me muero de soledad y frío.

ESPÍRITU DE LA NATURALEZA. Y tú, blanca rosa, ¿qué dices?

 

LA ROSA. Yo también sueño, como la hermosa Orquídea, bailar en los salones y correr por la pradera como si fuera un ser humano.

 

ESPÍRITU DE LA NATURALEZA. SE cumplirán vuestros deseos.

LA VIOLETA. Poderoso y libertador Espíritu de la Naturaleza. Yo soy la humilde Violeta que hasta ahora permanecía callada. Elevo hasta ti mi pequeña voz para preguntarte; ¿cómo y cuándo se hará este milagro?

 

ESPÍRITU DE LA NATURALEZA. Ya el crepúsculo dorado se acerca. Pues bien, cuando llegue la noche caeréis todas en un sueño profundo, para luego despertar a la vida de los humanos. I seréis libres, pero con vuestra libertad, tendréis también todos los dolores y las heridas de la vida. ¡Adiós, y que todo sea para vuestro triunfo y felicidad en el mundo de los hombres! (se va).

 

TELÓN

 

Se arregla el escenario para ballet. Semiacostadas en el piso, en posiciones lánguidas o en actitud de despertar, aparece un grupo de niñas; cada una, en su traje o adorno, representaba una flor de las que componían el jardín. Al ritmo de la música se van levantando poco a poco y comienzan a danzar. Casi para finalizar el número de baile, van desapareciendo  una a una des escenario, queda solamente Orquídea danzando.

Luego van apareciendo de nuevo (después de tiempo considerable), algunas con las cabelleras sueltas, maltrechas, sin flores en los trajes y con un corazón rojo de cartón, sangrándoles sobre el pecho. Continúan la danza, pero poco a poco, van cayendo una a una, desfallecidas sobre el piso. Queda la Orquídea danzando, pero al verse sola, también desfallece. Se hace el silencio y aparece otra vez el Espíritu de la Naturaleza.

 

ESPÍRITU DE LA NATURALEZA. ¿Qué os pasa, porqué tan tristes aquí cuando hay tanta alegría en el mundo?

 

LA ROSA. ¡Oh, poderoso Espíritu de la Naturaleza! Cupido nos hirió con sus dardos envenenados, y ahora estamos sangrando de amor. Ya sabemos de la alegría y el dolor, queremos volver a nuestro mundo de aroma y brisa. ¡Ay, ay, cómo sangra el corazón!

 

ESPÍRITU DE LA NATURALEZA. I tú hermana Orquídea, ¿qué dices de ese mundo deslumbrante que soñabas conocer?

 

LA ORQUÍDEA. ¡Oh, gran Espíritu que nos distéis aliento de vida profunda, aún no me he alejado de este lugar! Soñaba que algún día llegaría mi príncipe azul, quería que la flora de mi Patria también tuviese su rey; pero ya ves, aún continúo sola, ¡siempre sola! Comprendo ahora que mi destino es la soledad. I por ello, te ruego que me tornes al añoso tronco donde antes moraba, quiero vivir otra vez cerca de las estrellas.

 

ESPÍRITU DE LA NATURALEZA. ¡Oh, maravillosa Orquídea de cristal! Vuestro destino es vivir en la altura, como el destino de la Patria que representas. Algún día, rozará vuestra frente nacarada el beso de un querube, y conoceréis entonces la verdadera felicidad.

Al oír vuestras quejas, quise daros una lección de la sabiduría de Dios, nadie puede cambiar el plan de sus divinas leyes, sin exponerse a mayores sufrimientos y angustias. Volveréis todas a tener el corazón de aroma y los ojos de rocío. (Las toca una a una). ¡Danzad, danzad, danzad… hasta volver a vuestra forma primitiva! (Desaparece). SE levantan y danzan nuevamente.

 

TELÓN

 

La Señorita Paquita

 

Una niña lee en el escenario:

 

Señores:

 

Los personajes de este sainete son ficticios, mejor dicho, productos de un sueño. Uno de esos sueños que solemos tener los niños cuando se aproximan los exámenes; algunos sueñan, por ejemplo, que sus papás les regalan un viaje en avión al País de las Maravillas, por sus altas calificaciones; otros que, una bruja sin entrañas, les cose la boca para que no puedan responder nada y los reprueben.

Es cierto que la escuela nueva tiene lindas y generosas maestras que se pintan las uñas, usan permanente, se ajustan la cintura, y ¡hay que verles ese garbo cuando caminan por las calles, y esa miel para tratarnos en clase! Pero no todo es orégano en nuestros campos, y si aún quedan algunas parecidas a las de este sainete, vuelvo a recordar que es un sueño, un sueño que tuve hace poco; pero que tal vez, pudo haber ocurrido hace cincuenta o más años, cuando abundaban las señoritas Paquitas: dulces de nombre, pero amargas de corazón. ¡Pronto la conocerán!

 

PERSONAJES

 

LA SEÑORITA PAQUITA

BERTA (ALUMNA)
ALICIA (ALUMNA)

CHISPITA (ALUMNA)

 

SAINETE EN UN SOLO ACTO

 

Un comedor convenientemente arreglado. En la mesa: una botella de vino, manzanas, vasos, servilletas, flores, etc. I en el centro, una torta de cumpleaños o algo que simule esta. Alrededor de la mesa cuatro sillas, y dos o tres más en la parte más visible del comedor.

Tres niñas se mueven de un lugar a otro de la pieza, arreglando las flores, limpiando y dando los últimos toques para la fiesta. Mientras trabajan, charlan y ríen animadamente. Se desarrolla la escena en la casa de Chispita.

BERTA. ¡Oh, qué alegría para la señorita Paquita, cuando entre y vea la preciosa y sabrosa torta que hemos preparado para festejar su cumpleaños!

 

ALICIA. A mí se me ocurrió  la idea de que fuese en la casa de Chispita, porque si hacemos la fiesta en la casa de ella, hubiéramos tenido que estar más serias y tiesas que palillos de dientes.

 

CHISPITA. ¡Jú, y con lo económica que es! Hace dos años me ofreció un abanico en premio a mi buena conducta, y siempre me toca un problema de aritmética me ve sudar a chorros… ¡y vaya que se hace la desentendida! ¡Ja, ja, ja, tengo la seguridad de que nos hubiera brindado agua y… ¡es mejor no decir!

 

BERTA. No te expreses así, será que no se acuerda de tal ofrecimiento.

 

CHISPITA. Sí, de su edad tampoco se acuerda nunca, ya verás… ya verás…

 

ALICIA. Se ve que no la quieres bien.

CHISPITA. La verdad es que jamás me castiga. Cuando le hago una de las mías, me dice mirándome  por encima de los lentes: Chispita (levantando el dedo y tratando de imitar a la maestra), a las tres veces la encierro en el cuarto oscuro o la arrodillo sobre unos granitos de maíz. Bueno, en seguida le hago la segunda, me vuelve a mirar por encima de los lentes (imitando el gesto) y me dice: Chispita, no le aguanto la tercera. Cuando le hago la tercera, me dice como si nada hubiese pasado: Chispita, váyase a su casa antes de que pierda la paciencia. I como siempre llego a la tercera, todos los días soy la primera en salir de la escuela.

 

BERTA. ¿I esa es tu buena conducta?

 

CHISPITA. ¿Qué quieres? ¡nunca se llega a incomodar! En el barrio la llaman Doña Comodidad. Bueno, (llevándose el índica a los labios) esto que no lo sepa ella. (Todas ríen).

 

(Tocan la puerta. SE miran asombradas y muy serias).

 

ALICIA. ¿Será ella, nos habrá oído?

 

CHISPITA. ¡Cobardes! (Tartamudeando del miedo). ¡Ade, adelante!

 

SEÑORITA PAQUITA. (Aparece en la puerta. Delgada, muchas arrugas; pero se empeña, con el peinado y modas, en parecer joven). ¡Buenos días, mis queridas alumnas! ¡Ay, que cansada vengo, no puedo dar un paso más! Si no llego tan pronto me desmayo en la calle.

 

CHISPITA. ¡Lindo espectáculo hubiera sido!

 

BERTA. Buenos días, señorita. No le haga caso. Venga para que vea la torta.

 

ALICIA: (Tomándola del brazo). Sí, sí, acérquese a la mesa para que la vea.

 

SEÑORITA PAQUITA. Ya les dije que no puedo dar un paso. Me sentaré aquí mismo. (Chispita le aproxima una silla). ¡Oh, muchas gracias, qué agradable es descansar! (Se sienta). Yo creo que la comodidad empezó en el Arca de Noé, pues esa gente no tenía necesidad de salir a la calle.

 

CHISPITA. ¡Ya lo creo, ni nadando mejor que los patos!

 

SEÑORITA PAQUITA. ¡Uf, es terrible, caminar tres cuadras con estas piernas mías!

 

CHISPITA. ¿I sufre de reumatismo, señorita?

 

SEÑORITA PAQUITA. ¡Qué idea, ni lo quiera Dios! Aún cuando las enfermedades no tienen ninguna relación con la edad, yo sigo creyendo, que el reumatismo es la enfermedad de los viejos.

 

BERTA. (Desde la mesa). Bueno, ya todo está listo, solo faltan las velitas.

 

CHISPITA. ¡Oh, sí, las velitas, las velitas! Figúrese señorita, que solo la esperábamos a Ud. para saber cuántos años cumple y ponerle a la torta el número exacto de velitas.

 

SEÑORITA PAQUITA. ¡Para qué tanto trabajo! Un año más se representa con una sola velita. (Con énfasis). ¡Una sola velita! ¿Me entienden bien?

 

CHISPITA. Por favor, señorita Paquita, díganos su edad para colocarle las velitas, y ya verá lo linda que se ve.

 

SEÑORITA PAQUITA. Yo no les oculto la edad, sencillamente, la he olvidado.

 

BERTA. ¡Qué lástima! Haga un esfuerzo a ver si la recuerda.

 

SEÑORITA PAQUITA. A qué tanto apuro (sacando la correa de su cartera), es mejor que no me impaciente, porque entonces… ju…

 

CHISPITA. Bueno, señorita, (mirando la correa con los ojos muy abiertos), cuando las cosas se ponen serias, quince es lo mismo que sesenta.

 

ALICIA. Venga a la mesa, señorita, ya podemos comenzar.

 

SEÑORITA PAQUITA. ¿Caminar yo hasta la mesa? ¡eso nunca! Dos de Uds. Tienen que llevarme hasta allá en esta silla donde estoy sentada.

 

CHISPITA. Yo estoy ocupada acomodando las quince velitas en la pasta.

 

SEÑORITA PAQUITA. Bueno, (levantando un poco la correa en son de amenaza) dos de Uds. Tienen que ser.

 

CHISPITA. (Volando hacía la maestra). Usted sabe que por mí no se molesta nunca. ¡Ven Alicia, ayúdame! (Entre las dos toman la silla y la llevan a la mesa).

 

BERTA. Tome señorita (vierte en la copa y le da) una copita de Oporto, esto le ayudará a recuperar las energías perdidas.

 

CHISPITA. Entonces para nosotras tiene que ser doble.

 

SEÑORITA PAQUITA. ¡Imposible, las niñas no toman licor, y mis alumnas menos! (Pidiendo el litro a Berta). Este me lo llevo yo para mi casa, no quiero que la gente llegue a pensar mal de Uds. (Vierte en la copa y toma, repite ante el asombro de las niñas). Está sabroso. Lástima que Uds. ¡No puedan tomar!

 

CHISPITA. Menos mal, comeremos manzanas.

 

ALICIA. Sí, sí, son más sabrosas.

 

BERTA. (Tomando una y mordiéndola). A mí me encantan.

 

SEÑORITA PAQUITA. ¡No, mis queridas niñas, (quitándole la manzana) todas estas (recogiéndolas) las necesito yo para mí clase de botánica y aritmética!

 

CHISPITA. Llévese las flores, también se pueden contar, y como primero nace la flor y después el fruto, es bueno que empiece por el principio.

 

SEÑORITA PAQUITA. Pareces un abogado, Chispita; pero no te olvides que de mí depende que pases en los exámenes.

 

CHISPITA. (Suspirando) Todavía nos queda una esperanza.

 

BERTA. ¿Te refieres a la pasta?

 

ALICIA. Sería justo. Algo nos debe de tocar.

 

SEÑORITA PAQUITA. Cuidado con referir estas cosas en la calle. Pues por cada chisme les bajaré un punto, y piensen que apenas faltan pocos días para los exámenes. La pasta también me la llevaré yo enterita. Sí, sí, he tenido una idea luminosa: la rifaré el día del examen entre las niñas más sobresalientes. ¡Ea, vamos a ver cuál de Uds. se la gana. (Toma la pasta y la coloca junto con el vino, manzanas, etc. Luego se levanta y sale caminando con mucha seguridad).

 

CHISPITA. (Haciéndose cruces de asombro). ¡Miren, miren! ¡Y que no podía dar ni un paso y ahora corre más que un avestruz!

 

BERTA Y LUCIA. ¡Santo Dios, se terminó todo sin haber comido nada!

 

CHISPITA. ¿No se los decía yo, que la Señorita Paquita jamás se llega a incomodar? I gracias que se fuera tan ligero, porque (tomando un plato y arrojándolo contra la puerta por donde ella salió) entonces si hubiera tenido que expulsarme de su escuela.

 

TELÓN.

 

 

    Caperucita Roja y los Cuatro Osos

 

PERSONAJES

 

CAPERUCITA ROJA

OSO BLANCO

OSO NEGRO

OSO PARDO

OSO VIEJO

 

La acción se desarrolla en las regiones polares.

 

I

 

Paisaje cubierto de nieve, troncos y ramos secos cubiertos de algodones blancos, una fogata, cuatro viviendas tipo esquimal. Al fondo montañas y nieve.

 

OSO BLANCO. (Paseándose por la puerta de su vivienda y como hablando consigo mismo). Buen refugio tenemos. Se aproxima la Navidad llena de paz. ¡Ah, la paz! Una cosa tan difícil en estos tiempos. Jamás he lamentado vivir lejos de los hombres; en cada piedra hay un corazón que late, y el hielo es tibio, cuando se está seguro del amanecer.

¡Este cielo claro! (mirando hacia arriba). Una lluvia fina acaba de mojar la nieve, (rascándose la cabeza) me siento poeta, estoy fácil, tengo ganas de comer setas. ¡Oh, Dios mío! Siempre he oído decir que los poetas no comen. (Dándose palmaditas en la barriga). ¡Vamos Osito Blanco, la comida es cosa de pobres mortales, sí, sí de pobres mortales!

 

OSO VIEJO. (Asomando la cabeza desde la puerta de su vivienda). ¿Qué estás rezongando, Oso Blanco?

 

OSO BLANCO. Nada Oso viejo, sigue durmiendo, ¿No te has dado cuenta todavía de que soy poeta?

 

OSO VIEJO. (Con voz gangosa). ¿I a qué princesa vas a cantarle en este frío paraje? (Vuelve a meter la cabeza).

 

OSO BLANCO. (Con desenfado). ¿Qué sabes tú, cuando hay inspiración, lo mismo es cantarle a una gota de rocío que a una criatura de carne y hueso?

 

OSO NEGRO. (Llega acompañado de Oso Pardo y trae una pequeña cesta en la mano). ¡Mira OSO BLANCO, maravilloso regalo nos ha enviado Dios este año, hemos encontrado sobre la nieve esta cesta de comida! (Sacando una manzana y mostrándola a Oso Blanco).

 

OSO BLANCO. (Tomándola y como inspirado). Huele a cabellos rubís y a manecitas de perejil. Alguien debe tener una regia fiesta en los góticos palacios que fingen estos nevados picos de las montañas. (Después de estarse un momento pensativo). Decidme la verdad, ¡La habéis hurtado?

 

OSO PARDO. ¡Ni pensarlo! La encontramos abandonada en el camino, yo presumo que puede ser de Sta. Claus, que quizás, en su prisa por llevarle golosinas a los niños pobres, puede haberse perdido por estos desfiladeros.

 

OSO BLANCO. (Impulsivo). ¿Perderse Sta. Claus? Ella sabe de memoria todos los caminos de la tierra, todos los bosques de hojas, todos los mares de sal, todos los ríos de miel, todas las chozas y los palacios, todos los senderos del viento. ¡No, no, y no! Ni con una venda de piedra sobre sus ojos de lucero ella podría perderse.

 

OSO VIEJO. (Sacando de nuevo la cabeza). ¡Qué es eso, Oso Blanco? Haced un poco de silencio que no me dejáis dormir, no es posible, gesticuláis como un marciano. (Vuelve al interior).

 

OSO NEGRO. Bueno, no importa quien sea, yo tengo hambre. Vamos a darnos un festín. (Saca de la cesta que aún sostiene en sus manos, pan, dulces, hallacas, torta, etc.). Vamos a preparar tres porciones iguales, (huele la comida) qué apetitoso. (Las distribuye).

 

OSO BLANCO. (Comiendo). Esta es comida de dioses, sabe a nubes y huele a rocío. Hace tiempo no comía un manjar tan exquisito.

 

OSO VIEJO. (Asomando la cabeza). Ja, ja, ja, comida de dioses, bien sabía yo que no ibas a resistir mucho tiempo.

OSO PARDO. Hablad vosotros mientras yo como. Desgraciadamente, esta no es comida para el estómago de Oso Viejo.

 

OSO NEGRO. (Aguzando el oído y dejando de comer). ¡Qué raro, parece que escucho un llanto, ¿no escucháis lo mismo?

 

OSO BLANCO. Debe ser alguna masa de nieve que baja de la montaña.

 

OSO PARDO. No, escuchad bien, ¡es llanto!

 

CAPERUCITA ROJA. (Aparece toda aturdida y llorando desconsoladamente). ¡Mi cesta, mi cesta con comida!

 

OSO BLANCO. (Acercándose a ella) ¡Santo Dios, como llovida del cielo!

 

OSO PARDO. ¡Qué linda, si es blanca y fresquita como un nardo!

 

OSO NEGRO. Si fuera color café me gustaría más; pero parece que nació en la nieve. (Acercándose). ¿Cómo te llamas preciosa?

 

CAPERUCITA OJA. (Azorada). Me llamo Caperucita Roja, iba a llevarle el almuerzo a mi abuelita y extravié el camino. (Sorprendida al fijarse en la cesta). ¡Oh, si aquí está, la dejé en la nieve mientras fui a conversar con un pingüino que quería emigrar a regiones cálidas! (Registrando la cesta). ¿I los manjares, quién se los comió?

 

OSO BLANCO. Perdone Caperucita, pensamos que Dios en su inmensa bondad, se había acordado de estos pobres y solitarios Ositos, y nos enviaba tan rico presente para calentar nuestros estómagos.

 

CAPERICITA ROJA. (Compasiva). I Uds. ¿No tienen comida aquí?

 

OSO PARDO. La tenemos, pero diferente. Quédate, ya verás cómo preparo algo tan sabroso que vas a chuparte los dedos.

 

CAPERUCITA ROJA. LO siento, no puedo. Mi abuelita me espera. (Mirando a lo lejos). Hay mucha nieve, tengo miedo, pero debo irme. Abuelita está sola.

 

OSO VIEJO. (Sacando la cabeza). ¿Qué milagro es ese, de donde salió esa hilachita de sol?

 

CAPERUCITA ROJA. (Volviéndose hacia Oso Viejo). ¿Es vuestro abuelo?

 

OSO NEGRO. (Riendo) Es antediluviano, Caperucita. Nunca sale, ya no puede caminar.

 

OSO VIEJO. Quédate con nosotros, florecita de espuma; así tendré quien me prepare el biberón de leche fresquita todas las mañanas. (Vuelve a meter la cabeza).

 

OSO BLANCO. Al menos, Caperucita Roja, reposa unos días a nuestro lado, tienes los pies hinchados de tanto caminar. ¡Déjame quitarte las botitas y besarte las puntitas de los dedos para que se calienten un poquito!

 

OSO NEGRO. ¡Eso no! Por mi color debo ser yo el esclavo de Caperucita.

OSO BLANCO. (Dirigiéndose a Caperucita). Tú eres la reina de este palacio de azúcar. (A todo pulmón y dirigiendo sus gestos a las montañas). ¡Sépanlo todos, agucen sus oídos de nieve las montañas: nadie puede contradecir las órdenes de Caperucita Roja, su voluntad es ley, ley para todos…!

 

(Los tres ositos aplauden).

 

OSO PARDO. ¡Gracias por haberme honrado tanto, Caperucita, iremos a buscar a nuestros fusiles, (Entrando cada uno en su vivienda y saliendo armados para montar guardia)! Pasa, Caperucita, nadie interrumpirá vuestro sueño!

 

OSO VIEJO. (Saliendo con un fusil y casi arrastrándose, con voz gangosa). Yo también quiero hacer algo por hilachita de sol.

 

OSO BLANCO. (Riendo). Vete a dormir, Oso Viejo, que ya no das en blanco ni a un elefante a tres metros de distancia.

OSO VIEJO. (Refunfuñando). No me iré, yo también quiero cuidarla, (Se queda dormido y se le cae el fusil).

 

TELÓN

 

El mismo decorado. Amanece.

 

OSO PARDO. (Tose).

 

OSO NEGRO. (Llevándose los dedos a los labios). ¡Calla, que puedes despertarla!

 

CAPERUCITA ROJA. (Desde adentro). No estoy dormida. Busco mis botitas para irme pronto.

 

OSO BLANCO. (Haciendo señas para que coloquen los fusiles en la tierra). Bien, Caperucita, no queremos retenerte a la fuerza. Pero ante todo, voy a prepárate un aperitivo. (Camina hacia la vivienda).

 

CAPERUCITA ROJA. (Saliendo muy alegre y mirando en torno). ¡Qué bello es amanecer en la nieve! Estaba ayer tan cansada que no pude fijarme en nada. ¡Qué lindas vuestras viviendas! (Va hacia el ramo). ¿I este arbolito? (Tocando los ramitos secos). ¡Parece que está a punto de florecer!

 

OSO PARDO. Estamos en Navidad, Caperucita, voy a traerte algunas fantasías brillantes para que lo arregles. (Hacia su vivienda).

 

OSO NEGRO. Yo también tengo campanitas de cristal y cintas de colores, las traeré enseguida. (Va por los adornos).

 

OSO BLANCO. (Llega con un vaso de leche y se lo entrega a Caperucita). Toma Caperucita, es leche de estrellas bajitas; aliméntate un poco, porque la jornada que te espera es muy larga.

 

CAPERUCITA ROJA. (Tomándose el alimento). ¡Qué sabrosa, no sabía que en las estrellas hubiera vaquitas lecheras!

 

OSO BLANCO. No hay vaquitas, Caperucita; pero así como algunas estrellas son de miel, otras son de lumbre y otras de leche, y al tocar las heladas cumbres que ves allá (señalando) se derriten suavemente.

 

CAPERUCITA ROJA. ¡Qué contraste, yo pensé que se endurecían como un turrón!

 

OSO BLANCO. (Riendo). ¡Oh, no! En los glaciales todo es diferente.

 

OSO NEGRO. (Llegando con los adornos). Aquí están los adornos para el Árbol, ¿no te parece lindos, Caperucita?

 

OSO PARDO. ¡I aquí los míos! (Entregándoselos).

 

CAPERUCITA ROJA. ¡Qué cosas tan bellas tenían guardadas!

 

OSO BLANCO. (Le ayuda con mucho cuidado a colocar las fantasías en el suelo, para que ella luego adorne el Árbol). Sí, sí, solo esperaban unas manos primorosas que los supieran acomodar.

 

(Mientras Caperucita adorna el ramo seco, los tres Osos se sientan alrededor y cantan:)

 

Caperucita, Caperucita,

Quédate aquí, quédate aquí,

Que el lobo fiero, que el lobo fiero,

Quiere comerte también a ti.

 

CAPERUCITA ROJA. (Volviéndose hacia ellos). ¿I es cierto que hay lobos por aquí?

 

OSO NEGRO. Es mejor que no lo sepas.

 

CAPERUCITA ROJA. (Ríe incrédula. I cantando a media voz continúa su trabajo).

 

(Vuelven a cantar a coro los tres Osos)

 

Caperucita, Caperucita,

Quédate aquí, quédate aquí,

Que el lobo fiero, que el lobo fiero,

Quiere comerte también a ti.

 

OSO VIEJO. (Despertando y mirando hacia el Árbol). ¿Qué bulla es esa? (limpiándose los ojos). Oh, con razón, qué maravilla, ¿quién hizo ese prodigio? (Acercándose al grupo). ¡A ver, a ver yo también tengo ganas de bailar y de cantar! (Todos ríen).

 

CAPERUCITA ROJA. (Aplaude y sigue adornando el Árbol). Pues yo no creo en lobos, sé que dicen eso para que yo no me vaya, y yo con mucho gusto me quedaría, pero mi abuelita debe estar medio muerta de impaciencia. (De pronto se escucha un aullido fuerte y pavoroso del lobo que se acerca). ¿Es el lobo eso que se escucha? (Espantada). ¡Dios mío, Dios mío! (Corre desesperada de un lugar a otro). ¡Es horrible, amparo, socorro!

 

OSO PARDO. (Hacia ella). ¡Rápido, escóndete detrás del Árbol, mientras nosotros tomamos las armas! (Se arman de sus fusiles y salen a perseguir el lobo).

 

OSO VIEJO. (Muy nervioso). Yo también voy a esconderme, mucho la quiero; pero en la puerta del cielo, primero yo que mi padre. (Se mete en su vivienda).

 

(Se oyen disparos afuera, y regresan los Osos diciendo a un mismo tiempo)

 

¡No tengas miedo, Caperucita, ya lo matamos, ya lo matamos!

 

CAPERUCITA ROJA. (Saliendo detrás del Árbol). Sois muy valientes, no sé cómo pagaros acción semejante, os debo la vida; pero tengo que marcharme ahora mismo.

 

OSO BLANCO. Puedes irte sin miedo, Caperucita, ya está libre el camino.

 

OSO PARDO. (Con tristeza). ¡Qué lástima, era nuestra única alegría en este frío paraje!

 

OSO NEGRO. Id cavando mi fosa, ya no quiero la vida para nada.

 

CAPERUCITA ROJA. (Dirigiéndose a todos). Adiós, habéis sido muy buenos conmigo. No quisiera irme, pero abuelita me espera. ¡Adiós! (Los abraza a todos) ¡Adiós otra vez! Se aleja mandándoles besitos con la punta de sus dedos.

 

OSO BLANCO. (Sentándose en el suelo). Aquí me quedaré hasta que venga la muerte.

 

OSO NEGRO. (Haciendo lo mismo). Yo también quiero morir, sin su presencia no puedo vivir.

 

OSO PARDO. (Sentándose muy triste). ¡Era imposible que una criatura tan bella se acostumbrara al rigor de este frío paraje!

 

OSO BLANCO. Fue un dulce sueño. Llegó como una mariposa, libó la miel de nuestros corazones, y otra vez voló a los floridos jardines de la vida.

 

OSO NEGRA. ¿Qué más podríamos darle? Entre todos, hubiéramos convertido este frío rincón en un palacio de azúcar para recreo de sus bellos ojos.

 

(Permanecen en silencio hasta que al fin se quedan dormidos).

 

CAPERUCITA ROJA. ¡Ea, ea, ¿qué os pasa, habéis muerto todos? ¡Ea, ea, (tocándolos a todos) ya regresé a vuestro lado, nunca más me iré de aquí. (Todos despiertan asombrados y se ponen de pie). Vamos a tener una alegre Navidad. ¡Qué viva la Navidad! Yo vi al lobo muerto, y tenía la barriga muy grande, pienso que tal vez se comió a la abuelita.

 

OSO BLANCO. ¡No digas cosas tristes Caperucita!

 

OSO NEGRO. ¡Qué viva Caperucita!

 

OSO PARDO. Mira Caperucita, yo tengo para mí que la abuelita está viva, ¡y algún día iremos a buscarla para casarla con Oso Viejo!

 

CAPERUCITA ROJA. (Buscando con la vista por todos lados). ¿I Oso Viejo? ¿A dónde está Oso Viejo?

 

OSO VIEJO: (Asomando la cabeza desde su cueva). 1Ay, mi Caperucita, aquí el único que ha muerto de verdad soy yo; pero de miedo.

 

(Van todos a la puerta de Oso Viejo y lo sacan. Este no puede caminar y se queda a un lado, mientras tanto, Oso Blanco, Oso Negro y Oso Pardo, unidos por las manos cantan en redor a Caperucita:)

 

Ya volvió Caperucita
a tornar en alegría
esta triste Navidad.

Bailaremos, cantaremos
todos juntos a compas;
menos el Osito Viejo
que ya baila para atrás.
Para atrás, tras, tras…!

 

 (Oso Viejo, despechado intenta bailar solo y se trastumba para hacer reír).

 

TELÓN

 

 

  La Niña y el Mar

 

PERSONAJES

 

LA MADRE.
MARGARITA, HIJA.

ONDINA.

 

ACTO ÚNICO

 

Sala amoblada con gusto, tres sillones cómodos y modernos, mesa con elegante florero y cestillo de labores encima, pantalla de pie, etc. Al fondo, un ventanal grande y bajo. A través de este ventanal se divisa el mar, y en el mismo decorado del mar: barcos y gaviotas. La madre teje en un sillón inmediato a la mesa, ve vez en cuando saca útiles como tijeras, sedas, etc., para su labor. Margarita, de pie junto a la ventana mira abstraída hacia el mar.

 

ESCENA I

 

LA MADRE. (Mientras teje). Margarita, ¿Otra vez mirando el mar? Vives como hechizada, todas las niñas juegan, ríen y cantan. Pero yo no sé qué cosas raras pasan por tu mente, a veces me cuesta creer que eres una niña de carne y hueso, cuando te veo horas y horas contemplando el mar.

 

MARGARITA. (Sin cambiar de posición). Madre, el mar está lleno de caminos luminosos, extraños jardines y palacios de cristal. Yo veo desde aquí lo que pasa en su fondo. (Ríe dulcemente). ¿Sabes? Las ondinas están de fiesta. ¡Qué linda aquella, tiene zapatillas de coral y se abanica con una concha de nácar!

 

LA MADRE. Otra vez soñando, mi dulce Margarita. ¿Crees que en el fondo del mar pueda sentirse calor? (Riendo). ¡Vamos hija, despierta a la realidad de la vida!

 

MARGARITA. (Volviéndose hacia su madre). Madre, quedamos en que me llamarías Sirenita.

 

LA MADRE. Ven mi pequeña Sirenita. El mar es tenebroso y violento. Se traga a los barcos, y en sus aguas traicioneras los hombres pierden la vida con frecuencia. Tiene también monstruos marinos que devoran a los niños.

 

MARGARITA. No, madre, el mar es una comarca alegre y transparente. La estrella de mar es la reina de la fiesta. (Como escrutando el fondo del mar). ¿No la ves, madre? (Empinándose un poco). ¡Cómprame un vestido de agua y unos zapatitos de espuma para salir a jugar con los pececitos de plata que atraviesan aquel jardín de madréporas!

 

LA MADRE: (Dejando el tejido y tomando unas revistas de la mesa). Ven a leer las historietas de Tarzán y el superhombre que invade los planetas.

 

MARGARITA. (Cubriéndose la cara con ambas manos). ¡Qué horror, madre! Nada que destruya ni represente lucha entre los hombres. Llámame a leer cuentos de pescadores, de ondinas y de príncipes azules que viven en palacios encantados.

 

LA MADRE. Hija, ya los silfos y las hadas de varita mágica desaparecieron del planeta. La época es cruda, de velocidad, ruido y constante sobresalto. Deja esos sueños, mi pequeña Sirenita. Ve, vamos a dormir. (Viene hacia ella). ¡Vamos, hija! (Echándole el brazo sobre el hombro). Ya es tarde, (baja la luz de la pantalla). Mañana tienes que pararte temprano para que estudies la lección de historia. (Desaparecen).

 

ESCENA II

 

La misma habitación, un poco en penumbra, la ventana abierta, afuera es de noche. Margarita, en dormilona, descalza y como sonámbula, aparece cantando a media voz una canción al mar. Luego se acerca a la ventana, cesa de cantar, sonríe y hace señales como llamando a alguien que estuviese en el mar.

 

MARGARITA. (Dirigiéndose al mar). Mar de mis sueños, hasta el alba te estaré mirando. Deja que se acerquen a mi ventana tus ondinas. Ya en la tierra no hay quien nos hable de Simbad en Marino, ni de la Caperucita Roja. Mi madre se enfada conmigo, porque en vez de estudiar, vengo a contemplarte y a escuchar el rumor de tus ondas. ¡Oh, cómo sueño con tu mundo de líquidos cristales, donde verdaderamente sería feliz, sí, muy feliz! (En ese momento se asoma una estrella de mar por la ventana, de cartón, muy brillante). 1Oh, (con sorpresa) que linda eres! ¿Tal vez vienes a invitarme para la fiesta? ¿Por qué dice mamá que todo es producto de mi fantasía, si te veo y sé que eres luminosa como un sol? (Desaparece la estrella de mar y aparece en su lugar un precioso pececillo de colores). ¡Qué alegría, tú también vienes a invitarme, mi pequeño robalito, que ojos tan brillantes tienes, se ve que no has dormido en toda la noche, arreglando las verdes cortinas de algas y las suaves alfombras de limo para la fiesta! ¡Lástima que no puedes hablar para que me digas quién de casa en el mar. (Desaparece el pececillo y aparece una bella niña de pelo rubio y largo, con los hombros desnudos. Margarita grita de emoción y le tiende las manos).

 

MARGARITA. ¿Quién eres tú, también vienes del mar?

 

ONDINA. (Con voz melodiosa). Soy la ondina que canta detrás de los barcos en las noches de luna.

 

MARGARITA. ¿Por qué hay tanta alegría en vuestra ciudad de espuma y corales? ¿Es cumpleaños del armadillo, o se casa el cangrejito con la lisita?

 

ONDINA. Nada de eso, mi querida Margarita, es para ti la fiesta. De tanto mirar el mar, adivinamos que deseabas vivir a nuestro lado, y ya ves, vengo a buscarte.

 

MARGARITA. Yo desearía irme, pero ¿qué dirá mamá cuando desaparezca?

 

ONDINA. Llorará y te buscará inútilmente por toda la tierra; pero aquel es tu mundo, y deberás venir con nosotros.

 

MARGARITA. (Vacilante). No sé qué hacer.

 

ONDINA Yo sé que la mitad de tu corazón es de carne y la otra mitad de espuma, por eso te vengo a buscar.

 

MARGARITA. (Resuelta). Bien, déjame besar a mi madre antes de irme para siempre.

 

ONDINA. (Sujetándola por las manos), No puedes, hermanita mía, se rompería el encanto. Si vas, tratará de impedirte que me sigas, y ya la fiesta va a comenzar. ¡Date prisa, te lo ruego, salta por la ventana y vámonos a nuestra ciudad de cristal! Más allá de donde tu alcanzas a ver, hay carrozas de espuma, corales relucientes e infinidad de cosas preciosas que no tengo tiempo de describir. ¡Vamos, quiero que las contemples con tus propios ojos!

 

MARGARITA. (Exaltada). Todo eso me fascina, ayúdame a saltar (hace el propósito y cae hacia adentro). ¡Ay, ay, ay, (llorando), me lastimé un pie! ¡Madre, madre, me lastimé un pie! (Desaparece la Ondina).

 

ESCENA III

 

La misma habitación. Aparece la madre al llanto de Margarita.

 

LA MADRE. ¿Qué haces aquí, hija mía, es media noche, por qué lloras, qué te ocurre?

 

MARGARITA. (Arrojándose en sus brazos). Madre, vino una preciosa Ondina a invitarme a la fiesta cuando ocurrió que…

 

LA MADRE. (Interrumpiéndola). Otra vez soñando con las Ondinas, terminaras por volverte loca. Esas criaturas jamás han existido en la tierra, en el mar no hay más que barcos destrozados y lianas putrefactas.

 

MARGARITA. Por Dios mamá, no digas eso, mira si es cierto que hasta me lastimé un pie cuando iba a seguirla.

 

LA MADRE. ¡Margarita, deliras, pobre hija mía!

 

MARGARITA. !¡No, madre! No deliro, es la realidad. En esa ciudad maravillosa se han refugiado las hadas, los silfos y los traviesos enanitos que antes poblaban la tierra; sí, porque en este amargo mundo, ya no hay poetas que se ocupen de ellos ni de nuestra infancia.

 

LA MADRE. (Tratando de llevársela). Vamos hija, mañana hablaremos de eso.

 

MARGARITA. No madre, déjame ir al mar. ¿No ves cómo me llaman? ¡Déjame ir, madre!

 

LA MADRE. ¡No, hija! Sin necesidad de abandonarme, tu puedes contar lo que ves. Escribe tú esos libros que hacen soñar a los niños; pero es necesario que por ahora, duermas el resto de la noche.

 

MARGARITA. (Besándola). ¡Oh, madre! Creo que despierto de un sueño maravilloso. Me has señalado mi verdadero camino en la vida. Cierra esa ventana, es un sueño que va a dar comienzo a una hermosa realidad. Escribiré para los niños. I aun cuando nadie me crea, yo diré en mis cuentos, que oí cantar a las sirenas, que vi los palacios luminosos de las madréporas y escuche la música de los caracoles. Aaa… (Bosteza y se despereza). Es un sueño que nunca olvidaré. ¡Vamos madre! (Salen abrazadas).

 

TELÓN

 

 

Boda en el Bosque

 

CONEJITO

HORMIGUITA

MARIPOSA

RANITA

 

CONEJITO. Dirigiéndose a Hormiguita que llega en ese momento). ¡Buenos días, Hormiguita! Has salido muy temprano a caminar por el bosque, ¿Sabes la gran noticia?  Hoy es el cumpleaños de la Ranita, y queremos ponerle una piñata debajo de los árboles. ¡Escúchala cómo canta de alegría en su charquito: cro… cro… cro… cro…!

 

HORMIGUITA. La idea me parece magnifica. Pero ¿qué le pondrás dentro?

 

CONEJITO. Pués… ¡hojitas de hierba fresca, palmitas de hiedra con perlitas de rocío, mejorana, musgo del río, menta y otras hierbas aromáticas.

 

HORMIGUITA. (Con gesto agrio). ¡Jú! Esas cosas no las puedo comer yo, Conejito. Tendrás que ponerle miel o algunas virutas de conserva para mí.

 

CONEJITO. Eres muy exigente, amiga Hormiguita. Esos manjares solo se encuentran en las despensas de los ricos.

 

MARIPOSA. (Llegando por otro lado). ¡Buenos días, amigos! ¿Hay alguna novedad en el bosque?

 

CONEJITO. Pues te contaré: hoy es el cumpleaños de la Ranita y la vamos a sorprender con una piñata. Quedas invitada, querida Mariposa.

 

MARIPOSA. ¡Qué dicha tan grande! Me hartaré de miel sin necesidad de volar de flor en flor.

HORMIGUITA. Eso crees tú. El Conejito es muy egoísta. Solo quiere ponerle a la piñata los manjares de su estómago. ¿Cómo te parece?

 

CONEJITO. No le creas, la Hormiguita es muy intrigante. Todo el día va de un lugar a otro, chismeando a los vecinos; comiendo lo que encuentra y ¡ahora anda con esos remilgos de gran señora!

 

MARIPOSA: No es posible, que siendo hoy un día de tanta alegría para todos los animales del bosque, quieran Uds. dos formar disputa.

 

HORMIGUITA. Bueno, yo preferiría un baile en vez de piñata, para probarle al Conejito que no soy tan tragona como el cree.

 

CONEJITO. Pues yo insisto en la piñata. Tengo una patita enferma y no puedo bailar.

 

MARIPOSA. ¡Oh, se me ocurre una idea que convendrá a todos! Yo iré a la bodega y traeré cosas diferentes, de manera que todos queden contentos. Mientras tanto, tú cantarás, Conejito; y la Hormiguita bailará, hasta que yo regrese. Así no tendrán tiempo de pelear. ¡Hasta luego! (Sale, mientras el Conejito canta y la Hormiguita baila).

 

MARIPOSA. (Volviendo con una linda piñata entre las manos). Vamos a ver, Conejito. ¿A que no adivinas lo que traigo en la piñata para ti?

 

CONEJITO. Yo sería feliz si fueran hojitas de hierba recién nacida.

 

MARIPOSA. (Sacando un mazo de hojitas verdes). ¡Justamente, eso mismo es! Mira como huelen, cómetelas para que bailes con ganas. Eso te curará la pierna. (La Mariposa arroja hojitas por todos lados, y le da las que quedan al Conejito).

 

CONEJITO. ¡Gracias Mariposa! ¿Trajiste algún dulce de leche para la Hormiguita? Ya hicimos las paces, ¡mírala que linda, parece un puntito de cielo nocturno!

 

HORMIGUITA. (Con muchos remilgos). ¡Oh! he perdido el apetito. Desearía pasar por el bosque a ver las flores, mirar la luna o echarme un puñadito de arena de oro sobre los hombros… ¡Oh, que linda es la primavera!

 

MARIPOSA. Lo comprendo todo, querida Hormiguita. (Saca de la piñata un velo de novia y se lo da a la Hormiguita). Mira lo que traje para ti. Póntelo, es precioso. Yo te ayudaré.

 

HORMIGUITA. (Colocándose el velo). Hemos logrado la realización de nuestros sueños, Conejito. (Con mucha coquetería y siempre dirigiéndose al Conejito que la mira embelesado). Me siento tan feliz en este momento. Es como si un puñadito de arena de oro bajara desde mis hombros… seremos felices… de día, contaremos las hojitas verdes… y de noche las estrellas… (Tomando al Conejito de la mano y dirigiéndose a la Mariposa). I para ti, Mariposa ¿Qué trajiste?

 

MARIPOSA. Pues… ¡ya verán! Pero, si les enseño lo que está adentro no tendremos piñata, porque es lo único que queda.

 

CONEJITO. No importa, Mariposa. Pues tendremos boda en vez de piñata, ¿no es cierto, Hormiguita?

 

HORMIGUITA. ¡Me siento tan romántica! Yo también prefiero la boda, y para que todo se arregle bien, la Ranita será madrina. Vete a traerla, Conejito.

 

MARIPOSA. No es necesario. ¡Aquí esta! (Saca la Ranita de la piñata, y levantándola en el aire, canta acompañada por el Conejito y la Hormiguita). 

 

Cro… cro… cro… cro…

 

Traigo a la Ranita desde su charquito,
porque cumple alegre su primer añito
en el almanaque de los pajaritos.

 

Chuío… chuío… chuío…

 

Caminemos todos hacia el verde altar,
porque el Conejito y doña Hormiguita
se van a casar…

 

Chuío… chuío… chuío…

 

Que cante el Turpial,
en su ramo verde
la marcha nupcial.

 

(Cantando desaparecen en el bosque)

 

 

Tun, Tun, Tun

 

PERSONAJES

 

POLLITO
CONEJITO
HORMIGUITA
BURRIQUITO
TORTUGA
CAZADOR

 

Una casita blanca con su puerta y ventana. La habita un Conejito que está asomado a la ventana. Llega el pollito tocando la puerta.

 

POLLITO.
¡Tun, tun, tun, tun!

Ábrame la puerta, señor Conejito.
Abra ligerito, que de mi ración
le traigo un puñado de rubios granitos.

 

CONEJITO.

Yo lo siento mucho, amigo Pollito;
pero tengo miedo de que el cazador,
que de verdes bosques
es dueño y señor,
entre a mi casita,
y de un solo tiro en la barriguita,
me deje en el suelo
muerto, muertecito.

POLLITO.

Al pie de su reja
yo me quedaré,
hasta que la puerta
me abra usted.

 

HORMIGUITA. (Llegando por el mismo camino)

¡Tun, tun, tun, tun!
Ábrame la puerta, señor Conejito,
que en mis manos traigo
la escoba y la sal,
y un pastel de leche
para merendar.

 

CONEJITO.

 

Yo lo siento mucho, querida Hormiguita;
pero tengo miedo de que el cazador,
que de verdes bosques
es dueño y señor,
entre a mi casita,
y de un solo tiro en la barriguita,
me deje en el suelo
muerto, muertecito.

 

HORMIGUITA.

Al pie de su reja
yo me quedaré,
hasta que la puerta
me la abra usted.

 

BURRIQUITO.

¡Tun, tun, tun, tun!

Ábrame la puerta.
Soy el Burriquito, señor Conejito.
Corro más que el viento,
y sobre mis hombros yo lo llevaré
para que ese hombre
no lo alcance a usted.

CONEJITO.

Yo lo siento mucho
mi buen Burriquito;
pero tengo miedo
de ir hacia afuera,
porque el cazador
anda en la pradera.

 

BURRIQUITO.

También en su reja
Yo me quedaré,
hasta que la puerta
me la abra usted.

 

TORTUGA. (Llega a paso lento)

¡Tun, tun, tun, tun!

Ábrame la puerta, señor Conejito.
!Abra con presteza!
Aunque usted no vea
más que mi cabeza,
la traigo escondida
una gran sorpresa.

CONEJITO.
Yo lo siento mucho, señora Tortuga.
¿Me trae usted, acaso, algún plan de fuga?

 

TORTUGA.

No sea curioso, señor Conejito.
Le traigo escondido
el mejor disfraz
de Rey de la selva,
de león voraz,
para que no tema al gran cazador;
que de verdes prados es dueño y señor.

 

CONEJITO.

¡Qué bien pensado
señora Tortuga!

Espere un momento
que en un santiamén
le abriré la puerta.

CONEJITO. (Abriendo de par en par la puerta)

¡Pase a mi casa
toditos… toditos…!
Pongamos la fiesta
y mientras me visto:
destapen el ron,

Partan el pastel,
bailen el joropo
con pimienta y sal.
!Ah! y rujan bien fuerte
cual bravos cachorros,
cuando a nuestra puerta
llegue el cazador.

 

(Cierra el Conejito la puerta, mientras el cazador, luego de husmear por la pradera, se acerca a la casita y toca).

 

CAZADOR.

¡Tun, tun, tun, tun!

¿Quién vive esta linda
y blanca casita?
!¡Ábrame, señor!

Busco al Conejito
que se come el pasto
de mis sementeras.
!Oh, si aquí lo encontrara,
en coco y vinagre
yo me lo comiera!

 

(Se asoma el Conejito disfrazado de león, rugiendo fuertemente. En ese momento todos rujen dentro. El cazador suelta la escopeta y huye despavorido. Los animalitos salen bailando y cantando)

 

Viviremos todos
unidos y alegres
porque el cazador
ya no volverá.
Viva la Tortuga
que trajo el disfraz,
para que al Conejo
lo dejen en paz.

(Concluyen rugiendo todos)

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